¿Quiénes se enfrentan a Venezuela?

Desde que en julio del pasado año se creara la Asamblea Constituyente en Venezuela impulsada por el presidente Nicolás Maduro, los movimientos opositores a la Revolución Bolivariana tomaron auge y se consolidaron en torno a un grupo de países que pretenden controlar, a toda costa, el futuro de la nación suramericana.

Entre estos fervientes detractores se encuentran los gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú, aglutinados bajo el nombre de Grupo de Lima, una instancia creada en agosto del 2017 en la capital peruana y que condena abiertamente la citada Asamblea constituyente al considerarla fraudulenta y transgresora del orden democrático.

En la llamada Declaración de Lima, firmada el 8 de agosto por los miembros del Grupo se afirmaba que Venezuela “ya no es una democracia” y que “los actos que emanen” de su Asamblea Constituyente “son ilegí­timos”, pues, consideran, está conformada solo por oficialistas.

Entre las acciones que proponen para impedir el triunfo de Nicolás Maduro en los sufragios convocados para el 22 de abril están la realización de una “auditoría independiente” en el país petrolero. Asimismo, reiteraron el aumento de las consultas para poner en vigor la Carta Democrática Interamericana a Venezuela, instrumento previsto para restablecer el orden democrático dentro de los países de la Organización de Estados Americanos (OEA). A ello se  suman los intentos por hacer que observadores internacionales especializados y reconocidos desacrediten estás elecciones.

El 26 de octubre, durante otro encuentro del Grupo de Lima, esta vez en Toronto, la Ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland aseveró que “junto con nuestros socios, seguiremos aumentando la presión sobre el régimen de Maduro, nuestro objetivo es claro: una solución pacífica a la crisis y la vuelta de la democracia y derechos humanos a todos los venezolanos”.

Un comunicado similar hecho por el Departamento de Estado de los Estados Unidos esclareció, a todas luces, la posición de su gobierno, una postura que no es de extrañar al asegurar que “mientras el régimen de Maduro siga comportándose como una dictadura autoritaria, estamos preparados para poner todo el poder económico y diplomático de EE. UU en apoyo del pueblo venezolano que trata de restaurar su democracia”. Por su parte el gobernador de Florida Richard Lynn tildó de poco confiables los comicios venezolanos.

Además de los vecinos norteños, Francia y la Unión Europea también expresaron su “preocupación” por la supuesta ausencia de libres sufragios en Venezuela.

Nada novedoso a la altura del siglo XXI tienen estos comportamientos. La historia muestra cómo cíclicamente ocurren acusaciones y hechos similares cuando la izquierda se abre paso entre las pretensiones hegemónicas orquestadas por el imperialismo.

Sin embargo, los venezolanos asisten a estas elecciones en condiciones muy distantes a las que lo hacían hace varios años. Hoy tienen muy claro dónde es que llama el deber y no dudan bajo qué sistema pretenden que vivan sus hijos. El chavismo triunfará otra vez, su avance es inquebrantable.

 

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