Rayos de luz para Carmen

Cuando me dispuse a hacer esta crónica las palabras se me agolparon de tal forma que temí no hacer justicia a quien ha aportado tanto en materia de literatura infantil y amorosa al acervo cultural de Ciego de Ávila y del país. Carmen Donaire Hernández es una mujer que, a sus 72 años de edad, aún mantiene su pasión por las letras, aunque ya sus manos le entorpezcan la creación artística.

Merecedora de numerosos premios y reconocimientos, tanto nacionales como internacionales, Carmen es símbolo de modestia al poseer y no presumir por ello, uno de los premios más importantes de la escritura española, como es el caso del concurso de Poesía Amorosa de la ciudad de Mallorca en el año 2003. Este certamen le valió la publicación de uno de sus textos: el poema Emigrante; en un compendio de obras de los principales autores cubanos del siglo XX, editado en esa misma ciudad española.   

Sin embargo, me cuenta que ese no es el más preciado, sino el que recibiera a manos de Vilma Espín, (una de las principales figuras del movimiento revolucionario de nuestro país, y fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) tras participar en el concurso La mujer en la evolución en el año 1975, con un poema dedicado a los niños. De ese modo recibió otros reconocimientos como la Placa Honor al mérito por su aporte al desarrollo de la literatura nacional, además de varios diplomas y medallas como fundadora y activista destacada de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), los Consejos de Defensa Revolucionarios (CDR), las Milicias de Tropas Territoriales (MTT) y la FMC.

Donaire Hernández es aun más especial porque, al ser de familia humilde, no tuvo oportunidad de complementar con estudios superiores su vocación por la literatura en la otrora Cuba neocolonial. Logró cursar hasta la enseñanza secundaria y solo porque pagaba sus clases limpiando los pisos de la escuela de monjas donde asistía.

Al respecto refería las humillaciones y burlas que le propinaban sus compañeros de aula al no pertenecer a la clase pudiente.

Luego, con el triunfo de la Revolución, pudo continuar hasta hacerse bachiller. Posteriormente decide participar en la campaña de alfabetización en el año 1962 para llevar la luz del saber a aquellas personas que no pudieron, siquiera, pensar en la posibilidad de ingresar en una escuela. 

A pesar de los contratiempos que le deparó la vida, cuenta que le debe a su padre parte de su inclinación por la literatura. Con solo nueve años fue él quien le regalara el libro La Edad de Oro de nuestro apóstol nacional José Martí; significando un incentivo para escribir sus primeros textos.  

Su obra contempla numerosos poemas, versos, décimas y sonetos dedicados al amor, a la familia, a la patria, entre otros temas.

Dentro de sus publicaciones figuran los libros de poesía infantil: Como rayos de ternura, Vuelos blancos y Canción para las clavellinas, todos publicados por la editorial de Ciego de Ávila. La biblioteca pública del municipio Ciro Redondo, ubicado al norte de la capital avileña, guarda estos ejemplares. Según comentó una de sus bibliotecarias “pocas personas conocen de su obra por la escasa divulgación de sus creaciones literarias.”

Actualmente Carmen Donaire Hernández, por azares de la vida, reside en una institución para el cuidado del adulto mayor en Ciro Redondo. Lugar que la acogió como un miembro más de la gran familia que allí vive, pero no completa esos espacios vacíos que las ausencias no suelen llenar, y que quizás también por el casi olvido de lo que fue su aporte, hoy sus ojos se entristecen y hacen acongojarse a quien los mire.  

 

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