Reír con límites

Después de mucho tiempo, las lunetas del Principal se han llenado, con el Primer Encuentro Nacional del Humor, Ríííe y tee diréé quién eress, que tiene el mérito de oxigenar nuestras carteleras culturales y dar continuidad al tratamiento de la comedia en el terruño.

En estos últimos días se han exhibido espectáculos excelentes, otros más pobres y algunos inaceptables por su irremediable hálito kischt, la evidente improvisación sobre la escena y el hecho de alejarse de los códigos del humor teatral.

El repertorio de Los Fonoaritméticos, dúo de comediantes del terruño con cierta madurez artística, demanda una renovación y un salto de calidad considerable que les permita asumir otras complejidades y líneas de trabajo, al calor de lo que se comercializa en el panorama cubano actual.

Tan Tostao, de Holguín, mostró una obra coherente que aludía al mítico rey Arturo y sus caballeros de la mesa redonda, con “chispazos” de crítica social, choteo y sátira, aunque a los actores se les notó rígidos en sus personajes y los diálogos pudieron explotar aún más las verosimilitudes.

Quizás, el reto más fuerte lo tuvo Onondivepa al tener que anunciar y cerrar cada espectáculo y aquí tampoco se ganó en variedad y dinamismo.   

Imbricar al menos dos actuaciones por noche y la corta duración garantizó agilidad y la posibilidad de elegir entre uno u otro; pero, en mi opinión, el programa previsto no aprovechó al máximo la presencia de figuras foráneas con un trabajo sólido en el género como Ángel Ramis, El Habanero, o Víctor Molina, consagrado por el antiguo programa televisivo Pateando la Lata.

La oportunidad ha sido propicia, no solo para que confluyan diversos modos de hacer, sino para que este certamen figure como catalizador y medidor de nuestro humor, reducido, en muchas ocasiones, a chistes estereotipados sobre borrachos, mujeres y homosexuales, cuando sobran diálogos inteligentes y perspicaces para que la carcajada y la reflexión lleguen al unísono.

Cada agrupación debiera cavilar con seriedad el formato de cada espectáculo y dónde se va a mostrar. De esta forma lo que se concibe para un cabaret, jamás subiría a las tablas de un teatro.

Sin embargo, es válido que intentos como este revitalicen la tradición de hacer humor y atraigan público a nuestras plazas culturales. Esperemos que una segunda edición retorne con otras propuestas.

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