René Rodríguez un pintor de los paisajes

El legado del destacado pintor avileño, recientemente fallecido, René Rodríguez se peprpetúa a través del paisaje, género que cultivó durante toda su vida.

La simbiosis de su trazo con el paisaje es la medida de toda su obra. Como un gnomo salido de un libro de hadas supo recrear en el lienzo los más diversos estados de ánimo y personajes ocultos.

Del polvo somos y al polvo regresamos, y con la misma dignidad creativa con que detuvo en un instante alguna primavera, también se nos marchó sencillamente como su más elemental claroscuro.

Queda en cambio su obra y el legado de una tradición paisajística tan cara a los pintores avileños como los disímiles cuadros que transpiran el verde y azul de nuestros campos.

Ese patrimonio natural cuya transparencia es única y que en algún momento del día se torna caprichosamente hasta fantasmagórica, razón por la cual nuestro gentil gnomo continuará su paso por los mismos paisajes.

Paisajes de ensueño, paisajes cotidianos, retratos de espíritus, de duendes y de guijes, de aparecidos y de luces, sobre todo, de luces tenues y cálidas, como esos claroscuros que solo René supo atrapar con su pincel.

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