Tina es mucho más

Intentar atrapar la inmensidad de su personalidad en unas cuantas líneas es una de esas tareas que por imposible, fascina. Quizás sea la razón por la que, lo mismo mujeres que hombres, devotos o no de su existencia y el raudo tránsito que por la vida tuvo, quedamos insatisfechos cuando incursionamos en la misión de ofrecerla a otros desde nuestra propia mirada. Pero no por difícil es renunciable. De Tina Modotti específicamente, se podría estar escribiendo o hablando mientras duren las fuerzas y la lucidez.

Y no es que deba considerarse un ser perfecto, ¿quién lo es?, pero indiscutiblemente a la ilíada de su vida, le sucedió en el tiempo la odisea de la incomprensión, la soledad, el desamparo, el silencio o la tergiversación de la que ha sido objeto, aunque el esfuerzo concentrado de unos cuántos brinde la posibilidad de que se le conozca mejor hoy, cuando han transcurrido siete décadas de su desaparición física, y perviven aún las injusticias sociales contra las que luchó, y que el Capitalismo, su enemigo jurado, se empeña en globalizar. Sí, porque definitivamente Tina Modotti es más reconocida que conocida.

El papel que desarrolló primero en Estados Unidos y luego en México, lleva a la reflexión convocada ya por otros, y es que Tina, sin haber participado conscientemente de ningún movimiento feminista, emerge como alguien que desplegó en los años veinte del siglo pasado y en general en la historia de género, un papel muy importante.

Se convierte en la primera mujer fotógrafa acreditada en Sudamérica, llamada la matriarca de la fotografía. Como modelo de mujer es una persona comprometida, no sólo políticamente sino más bien libre en el momento de actuar. Las decisiones que fue capaz de tomar, son la demostración de su extrañeza a todo tipo de prejuicios, tanto en su vida privada como pública.

Resulta llamativo el hecho de que lo mismo que su sexualidad transgresora, su militancia política, la condenó con fuerza. Víctima de una época de revocaciones y alumbramientos, se posesiona impetuosamente de los derechos que como ser humano tiene.

Quizás ha llegado el tiempo invocado en febrero de 1942 por Anna Seghers, la buena amiga también comunista, de que podamos reencontrarnos con ella, de repente, en cualquier calle plena de agitación, o en las filas de una manifestación, o en el interior de una imprenta. No importará el sitio, sencillamente es el momento de saludarla con júbilo, pero, sobre todo, la ocasión de comprenderla.

La trascendencia de Tina Modotti es posible por ser una fémina diferente, atípica para la época que le tocó vivir y por eso está aquí entre nosotros, su experiencia tiene mucho qué decir precisamente porque desafió el rol de lo que tradicionalmente es ser mujer ¿Qué méritos así lo acreditan? Muchas virtudes la avalan: el ser coherente consigo misma hasta el final de su vida. En una era donde la fertilidad y la belleza femenina son los reguladores sociales que valoran a la mujer, su espiritualidad se erige como símbolo de un ser distinto, porque aunque bella, nunca tuvo hijos, lo que no le imposibilitó comportarse maternalmente desde edad temprana.

Fue una mujer con un asombroso potencial creativo que se visualiza en su propia evolución personológica. La creatividad se relaciona además con elementos de autoestima, para ser creativo se necesita disponer de confianza en sí mismo, autoaceptarse, y aún en los momentos que pudo ser repudiada o cuestionada, contó con la satisfacción y el orgullo de ser ella y no otra. Sus desnudos, tan censurados y al mismo tiempo admirados, y las decisiones que tomó con la fotografía son ejemplos de madurez emocional.

De avanzada, así se le cataloga. Entregada a sus pasiones, accede al olimpo de la fotografía con un trabajo, que puso en blanco y negro los conflictos y esperanzas o desesperanzas de la gente que la rodeaba, especialmente de las capas más humildes. En sus fotos, las personas cobraban voz y denunciaban su realidad. Pero Tina, una de las principales artistas del lente de la pasada centuria, no expuso simplemente el dolor. Su mirada llegó también a los elementos que enaltecen y dignifican a la clase trabajadora, uniéndose a esta en la lucha.

En la actualidad Tina Modotti es la mujer fotógrafa mejor cotizada del mundo. Por ejemplo su imagen  de “Rosas”  ha sido valuada en 165.000 dólares. Además de un evidente rosario de virtudes para el mercado del arte en cuanto al valor de sus obras, una fotografía del cuerpo de Tina -un desnudo que le tomó Weston- es el retrato “más costoso de una persona”, valuado en 960.000 dólares.

Mirarla envuelta en la fragilidad de su físico, que penetra también su espiritualidad, convoca, porque es la delicadeza y la fuerza de quien escogió un camino y se fue fiel hasta el final. Razón tenía Mella en amarla. Alguien me comentó que existía la tendencia a pensar que Julio Antonio la amó más que ella a él. Creo que hablé por Tina, y por todos los que de alguna forma sabemos que fue un amor recíproco, mutuo, indescriptible. Nunca dejó de amarlo, y para nuestra suerte nos lo legó no ya como un símbolo, no hieratizado, sino como ser humano. Lo hizo no sólo con sus fotos, sino también con sus recuerdos y con su propio ejemplo al seguir luchando por los dos.

A 121 años de su natalicio, vuelvo ella. Aunque a decir verdad vuelvo todos los días, quizás por gratitud, tal vez por empatía, seguro que por admiración y hasta esa cierta envidia, convertida en homenaje, por haber amado y ser amada por Julio Antonio Mella, como yo desearía serlo.

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