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Reseña histórica de la Trocha de Júcaro a Morón.
 

En las guerras de 1868 y 1895, la Trocha constituyó para los españoles una barrera inexpugnable e infranqueable y al finalizar, ésta constituiría la instalación militar más perfecta y sofisticada que tenía el colonialismo español en América. Por supuesto, que nunca constituyó un impedimento para el glorioso Ejército Mambí, el cual en ambas guerras la pasó constantemente con ingeniosa estrategia desplegada por sus jefes militares, entre ellos Máximo Gómez y Antonio Maceo, con la ayuda de jefes insurrectos de nuestro territorio, como el brigadier José Gómez Cardoso y el coronel Simón Reyes Hernández, conocido como El Águila de la Trocha.

El objetivo de esta línea militar era aislar a las fuerzas mambisas en los departamentos orientales del país, evitar la ayuda y el contacto de las fuerzas insurrectas entre la parte central y oriental e impedir que los invasores, al mando de Máximo Gómez y Antonio Maceo extendieran la guerra hasta el occidente del país, lo que desgastaría las bases de sustentación del colonialismo hasta su derrocamiento total.

A fines de marzo de 1871, a tres años del Grito de Yara, el general Blas Villate de la Hera, conde de Valmaseda, propuso al ministro de Ultramar de la Corona Española, la construcción de una trocha o línea fortificada desde el puerto de Júcaro, en la costa sur hasta el poblado de Morón, en la costa norte del territorio.

La propuesta de Valmaseda fue aprobada, comenzando la construcción de la trocha , la que contó en su inicio con 17 fuertes y ya en 1874 se le habían agregado 16 fortines, teniendo su custodia más de 5 000 hombres, los cuales contaban con un moderno armamento de infantería y 10 piezas de artillería, las que se podían mover a lo largo de la Trocha por un ferrocarril de vía estrecha, lo que permitía también mover con rapidez la tropa de un lugar para otro.

En esta línea militar fortificada a la distancia de una legua se encontraba un fuerte, entre fuerte y fuerte un fortín, entre ambos, una ronda, además de las patrullas y de las guerrillas emboscadas. Los poblados de Ciego de Ávila y Morón eran protegidos por una estacada doble de jiquí con puertas de acceso.

La Trocha, según el criterio de los militares españoles, era inexpugnable, porque era prácticamente imposible el cruce de grupos armados sin ser vistos.

La “infranqueable” Trocha de Júcaro a Morón fue cruzada en más de una ocasión por grupos armados y mensajeros del Ejército Mambí, que se movían entre Las Villas y Oriente.

El primero en cruzar la Trocha hacia Las Villas con una columna invasora de 1 164 hombres, fue el general Máximo Gómez, el 6 de enero de 1875, el cual tuvo 6 bajas de infantería y fue herido levemente en la garganta.

En esta fecha, el sistema defensivo estaba estructurado en tres escalones.

Un primer escalón formado por puestos de avanzadas de caballería, al este de la línea militar donde 2000 hombres custodiaban los caminos y veredas para asegurar el aviso a éstas.

El segundo escalón lo constituía la misma Trocha, la cual contaba ya con 60 fuertes que se comunicaban entre sí, por medio de señales, protegidos por estacadas y numerosos obstáculos. Cada fuerte tenía un rancho con capacidad para 200 hombres. Los de Júcaro, Ciego de Ávila y Morón se comunicaban entre sí por telégrafo y cada uno tenía un hospital permanente. Los centinelas de las postas fijas llevaban las voces de alerta de una costa a la otra.

El tercer escalón finalizaba con una línea de fuertes al oeste de la Trocha, situados en Chambas, Marroquí, Lázaro López y Arroyo de los Negros, donde acampaban las columnas que patrullaban la zona y mantenían comunicación constante con los principales fuertes de la Trocha, tanto por vía telegráfica como mediante un sistema de enlace asegurado por cuatro escuadrones. Alrededor de 10 000 hombres formaban parte de este sistema defensivo, que no pudo impedir el cruce de Máximo Gómez en su invasión hacia Las Villas.

Entre las acciones libradas en la Trocha por su importancia, podemos mencionar la toma de Ciego de Ávila por Máximo Gómez, el 26 de mayo de 1876, la cual duró más de dos horas, donde las tropas mambisas obtuvieron víveres, ropas y armas. De igual forma, el 20 de julio de 1876, el general Manuel Suárez Delgado atacó y tomó Morón por varias horas, llevándose avituallamientos y armas para su tropa.

Durante la Guerra de los Diez Años, Máximo Gómez cruzó la Trocha varias veces para el Occidente y Oriente, así como otros oficiales del Ejército Mambí, entre ellos, José Gómez Cardoso, Manuel Suárez Delgado, Nicolás Hernández Moreno, Simón Reyes Hernández y Cecilio González Plana.

En 1895, al iniciar la guerra, el gobierno español empieza a reforzar la trocha militar, la cual se extendió hasta San Fernando, al borde de la Laguna de la Leche, al norte de Morón. Su objetivo principal era impedir el avance de la invasión hacia Occidente, que llevarían a cabo Máximo Gómez y Antonio Maceo, con el propósito de extender la guerra a toda la isla, lo que debilitaría económica, política y militarmente al gobierno español.

El 30 de octubre de 1895, Máximo Gómez cruza la Trocha con el objetivo de organizar la insurrección en Las Villas y operar al oeste de la Trocha, para apoyar el paso de la columna invasora del general Antonio Maceo. El día 29 de noviembre, del mismo año, con el apoyo del coronel Simón Reyes Hernández, “El Águila de la Trocha”, Maceo cruzó la línea militar española por un lugar llamado Santo Tomás, al norte de Ciego de Ávila, para reunirse con Máximo Gómez en un punto conocido por Lázaro López, donde ambos jefes militares trazaron la estrategia de la invasión, la cual constituyó una victoria de las armas cubanas y la hazaña militar más relevante de la época.

La victoria de la invasión provocó la renuncia del general Arsenio Martínez Campo y el nombramiento de Capitán General de la Isla de Cuba, a don Valeriano Weyler, tristemente recordado por sus crímenes y la reconcentración de campesinos en ciudades, lo que causó la muerta por hambre y desnutrición de más de cien mil cubanos, entre ellos mujeres, niños y ancianos.

Bajo el mando militar de Weyler, entre 1896 y principios de marzo de 1897, concluyó la refortificación del bastión militar más sofisticado del poderío español en América, el cual se extendía entre Júcaro y San Fernando con 68 fuertes a la distancia de 1 Km. cada uno. Contaba con 67 blockhouse situados uno a quinientos metros de cada fortín y con 401 puestos de escucha, situados tres entre cada blockhouse y fortín, lo que nos indica que cada 166 metros había enclavado un cuartel cabeza de batallón y cada l5 Km. y medio un cuartel de compañía. En Ciego de Ávila una torre óptica o heliográfica, emitía señales lumínicas hacia otra torre situada en Arroyo Blanco, o hacia el resto de los fortines, lo que permitía una rápida información de la presencia de las tropas insurrectas, así como una alambrada y fosos “imposibles” de franquear por la caballería y la infantería.

El arsenal de guerra lo componían 26 cañones de diversos calibres con parque suficiente y una dotación entre doce o quince mil soldados, con armamentos modernos de infantería que protegían y operaban a lo largo de la Trocha y que se podían mover con rapidez por ésta a través de la línea de ferrocarril de vía estrecha.

El 22 de diciembre de 1896, el coronel Simón Reyes dinamitó y descarriló la locomotora “La Cuenca” a 2 Km. de Júcaro. Esta se movía transportando tropas españolas, en el momento en que fue dinamitada y atacada.

Pese a todos los recursos invertidos por la Corona Española en sus quiméricos sueños de hacer inexpugnable la trocha, en la guerra del ´68 y ´95, ésta no pudo detener el empuje de las gloriosas fuerzas insurrectas. Oficiales del Ejército Mambí de tierra avileña, entre ellos, el coronel Simón Reyes, más conocido por el Águila de la Trocha, por las veces que cruzó la línea militar, así como el coronel Nicolás Hernández Moreno y el brigadier José Gómez Cardoso, quienes también escribieron páginas de heroísmo, cruzando tropas y fuerzas mambisas para ambos lados de la fortificación, contando entre sus jefes a Máximo Gómez, quien la cruzó en muchas ocasiones y al general Antonio Maceo.

Nada pudo detener el empuje de las fuerzas mambisas y cuando los cubanos tenían prácticamente la guerra ganada a España, la intervención norteamericana frustró la independencia, la que alcanzó su triunfo definitivo el 1ro. de enero de 1959.

Tomado de Radio Morón digital

 
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