Una alquimia a la esperanza

Expectativa, era la palabra de orden, aparejada de temor, quizás al nuevo encuentro, a la realidad, al peligro, a las “caricias de la enfermera o de la técnica de laboratorio” en fin, miedo por las experiencias en otras instituciones de la salud.

Después llegó el encuentro, la exploración, el conocimiento de historias de vida de nuevos compañeros, que además de parecerse a la tuya, te alientan y descubres que no es el fin del mundo.

El hoy no requiere temor; allí las horas pasan con tanta prisa que quisieras detener el tiempo y seguir como espectador ante tanto derroche de conocimientos, aparejado a la comunicación precisa que permiten amaneceres azules ante un cielo gris.

Transcurren los días y protagonizas una experiencia inolvidable con seres de luz que encantan las jornadas y hacen mágicos los minutos, las horas, como prestidigitadores que transforman el sufrimiento en alegría y ganas de seguir adelante.

Almas que también encantan, combinan el aroma y el sabor del buen guisado para hacer del Centro Provincial de Educación para el Diabético en Ciego de Ávila, un sitio ideal a la esperanza, un lugar donde el amor, el sentido de pertenencia, la humildad y la camaradería, logran la alquimia de la vida.

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