Uno de los guapos de Yateras juega softbol

La mano derecha del lanzador Alain Román González es prodigiosa, capaz de disparar bolas sostenidas a 80 millas por hora, aunque le han marcado hasta las 83, y esos lanzamientos a una distancia de apenas 46 pies del bateador, son casi intocables, más si varían hacia arriba, hacia abajo o se joroban a uno y otro lados.

Y Alain los tiene en su repertorio, al extremo de que es capaz de anular por completo a cualquier tanda rival, como lo demostró con su no hit no run en el primer juego contra Santiago de Cuba, en el recién concluido campeonato nacional celebrado en Ciego de Ávila; como lo ha demostrado en reiterados eventos internacionales.

Siente especial privilegio por el drop (lanzamiento hacia abajo), pero en su repertorio incluye el rice (hacia arriba), y la curva, sobre los cuales tiene gran dominio, tanto que ha propinado cinco no hit no run en eventos internacionales donde ha participado la selección nacional cubana, y una cifra superior en competencias nacionales y los clubes donde ha estado por invitación.

Softbolista de la gorra a los spike, Román, quien integra la selección nacional desde hace 17 años, vive ajeno a poses y bravuconerías dentro y fuera del terreno. Más bien es tímido de apariencia noble, pero guapo de verdad, pese a que hace varios años dejó a su natal Yateras, en la provincia de Guantánamo, para plantar definitivamente en Ciego de Ávila la carpa de su vida, porque “yo no podía seguir como un peregrino”.

En los inicios salía de Guantánamo en tren, venía y entrenaba en Ciego de Ávila, participaba en las competencias, volvía a Guantánamo, entrenaba y así transcurría mi vida. Al principio jugué con Pinar del Río, después con Holguín. Al año siguiente volví con Pinar y, en el 2002, comencé con Ciego de Ávila, donde he logrado mis mayores triunfos como deportistas.                 Alain Román González, sofbolista avileño

(En los siete campeonatos ganados por el equipo de Ciego de Ávila, siempre ha salido victorioso en el juego final.)

Se detiene y habla de anécdotas que todavía hoy sufre: “En el 2006, en México, estuve a un strike de vencer a Canadá, uno de los grandes del softbol mundial. El bateador de turno me conectó un imparable y perdí el juego; en el Campeonato Centroamericano de Colombia, en el 2010, en siete entradas le propiné cero hit, cero carrera a Venezuela y en el partido final, con corredor en segunda, el bateador tocó la bola y lo adelantó a tercera. Después vino un fly de sacrificio. Eso sentenció la derrota, sin que nos conectaran hit.  En ese evento gané la triple corona (líder en ponches, en victorias y en promedio de carreras limpias)”.

También me mordí el hígado cuando en el 2014, en el clasificatorio para los juegos Centroamericano y Panamericanos, en el primer juego contra Venezuela, ponché a 17, me conectaron un solo hit, me anotaron una carrera y perdí el juego porque el lanzador Ramón Jones, nos dio no hit no run. Cosas que suceden.       Alain Román González, sofbolista avileño

El pasado año, Román no lanzó con el equipo y Ciego de Ávila fue superado en toda la línea (9 carreras a 4) por Santiago de Cuba en la discusión de la medalla de oro. Una cosa es con Román y otra sin él. Eso lo sabemos nosotros y los rivales”, me dijo hace unos días Jesús Echarte, el virtuoso, uno de los mejores bateadores del softbol cubano en todos los tiempos.

Tiene liderazgo, disposición y temple por arrobas; hala el equipo y el equipo le responde. “Mantenlos ahí, que nosotros te la hacemos”, escuché decirle al receptor Reinier Vera, cuando ese último juego de la final iba empatado a una carrera. Y en la parte de arriba de la sexta entrada el propio Vera decidió el partido con largo jonrón por el jardín central.

—¿Te llevas bien con Vera, se entienden en el terreno?

—El lanzador debe llevarse bien con su receptor, entenderse con una mirada, un gesto. Y eso me sucede con Vera. Es bueno y guapo, incluso, en ocasiones ha terminado los juegos lesionado. A veces lo compadezco, porque casi siempre termina con la mano hinchada, pero jamás ha dicho no puedo. En otros países hay receptores que no les gusta recibirme y no lo hacen.

—¿En tu vida personal, eres organizado o regado?

—Muy organizado en el deporte, en el juego. Durante los partidos suelo llevar en la cabeza con cual lanzamiento domino a los bateadores y con cual me pegaron algún batazo, pero en la casa…

(Saily, la esposa, oye la respuesta y desde la cocina aclara que al parecer la organización la deja en el terreno, porque aunque le gusta disfrutar de la tranquilidad de su hogar, “es muy, pero muy regado”).

 —¿Has tenido que adaptarte a estar fuera de casa?

—El softbol no es como el béisbol. Los torneos son cortos, pero yo  he jugado por invitación en Venezuela, Colombia, Panamá y, ahora en Guatemala y uno siente el rigor de estar alejado del hogar, la familia, la patria y uno siempre quiere regresar.

—¿Guatemala? ¿El nivel del softbol debe ser muy bajo?

—De eso nada. Allí se reúnen buenos bateadores y los mejores lanzadores del mundo: los venezolanos Ramón Jones y Erick Urbaneja, el guatemalteco Jorge Segura y los argentinos Juan Potolicchio y Román Godoy, entre otros.

“Yo juego con el equipo Huevos Mañaneros, que irá a la final del Clásico de Softbol, a partir de abril próximo. Allá casi nadie me conoce por el nombre. Me dicen Cuba y eso me hincha el pecho.

“Entre mis resultados más relevantes está el partido contra el equipo Superación Galileo Caníbales, al cual no le permití ni hit ni carrera y ponché a 20 bateadores en siete entradas. Solo escapó uno. También el que le gané por lechada de 4 a 0 al conjunto Lanquetin, que llevaba 53 victorias seguidas.”

 —¿Qué has aprendido del softbol profesional?

 —He jugado en varios países y uno crece como atleta, pues enfrentas a rivales de gran nivel y a buenos bateadores. Me ha llamado la atención la disciplina dentro del terreno. Nadie discute, ni critica a los árbitros. Cada quien se concentra en lo que tiene que hacer y la gente en las gradas son muy respetuosas.

—¿Qué le falta al softbol en Cuba?

—Con un campeonato nacional tan corto, de apenas 10 días, y casi sin roce internacional, es imposible escalar posiciones.

—¿Con 37 años de edad, más de 1 000 ponches en campeonatos nacionales y cientos de juegos lanzados, muchos de ellos seguidos, no teme que su brazo se resista a continuar?

—Me preparo muy bien. Hasta ahora no siento dolor y mantengo la velocidad de siempre. Lanzar, lanzar y lanzar me da ánimo y seguridad. Sería una trampa de mi brazo si tan tempranamente me dijera: hasta aquí.

 

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