Un viaje corto y sin retorno

Vamos, vamos, empuja que caben más: decía el chofer de un camión que transportaba pasajeros desde Ciego de Ávila hacia Morón.

Arriba, como sardinas enlatadas, las personas no sabían dónde, ni cómo ponerse para cumplir con los deseos de quien vociferaba en la puerta del carro y con la ilusión de comenzar el viaje.

Por desgracia, escenas como esta ocurren diariamente en terminales de Ciego de Ávila y muchas otras provincias, sin embargo, nadie toma partido en el asunto.

La justificación siempre es la misma: el transporte está malo y ellos resuelven el problema, debemos llegar a nuestro destino, esta es la única forma, hay tantas respuestas como individuos existen y seguimos, seguimos….

Además de la parte humana, podemos analizar la parte reglamentaria.

Al sacar la patente o permiso para transportar pasajeros, los choferes deben declarar el tamaño y capacidad del carro, de esta manera se delimita su impuesto.

Ya en terminal las taquilleras “supuestamente” venden los tiques o números para los transportes en sus diversas opciones (guaguas, camiones o trenes) y deben controlar la salida de los mismos, entonces ¿Es el chofer el único responsable de la sobrecarga?

No podemos permitir que acciones que se realizan para beneficio de todos, se desacrediten por algunos que buscan llenar sus bolsillos.

El transporte tiene delimitado su capacidad, llenar hasta la saciedad va en detrimento de la seguridad y bienestar de los viajeros.Entonces exigir que se cumpla con lo establecido es tarea de todos, la necesidad nuestra y la avaricia de otros, puede llevarnos directamente a un viaje corto y sin retorno.

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