Vietnam aún identifica a sus muertos de guerra contra EE.UU.

La guerra de Vietnam terminó hace 43 años, pero aún el país trabaja en la identificación de cientos de miles de soldados cuyas familias ni siquiera han podido darles un último adiós.
De muchos no se han hallado los restos, pero cuando sí, están mezclados con los de otros combatientes o en un estado tal que la ciencia moderna no puede reconocerlos: forman parte de una anónima masa de patriotas solo anclados en el recuerdo de un rostro desleído por los años.

El desespero de sus familiares es tal, que muchos recurren a médiums para que se comuniquen con los espíritus de los muertos y les pregunten dónde yacen sus huesos, o se presentan una y otra vez ante los forenses con muestras no aptas o pertenecientes quién sabe a quién.

En más de 20 años de guerra contra Estados Unidos murieron casi 850 mil soldados vietnamitas, pero probablemente la tercera parte de ellos nunca podrán ser identificados.

Expertos dijeron a la agencia de noticias VNA que en los últimos años, con la progresión de la genética y otras técnicas, el enfoque científico para identificar los restos de los caídos ha tenido avances.

Sin embargo, el proceso es difícil y requiere mucho tiempo, opina Le Dinh Luong, fundador del Centro de Análisis y Tecnología Genética (CGAT), la principal institución dedicada a esas labores en la nación indochina.

En cuatro horas podemos tener los resultados del análisis de ADN, pero los exámenes para determinar a quién pertenecieron los despojos mortales puede tomar una semana, más tiempo o incluso se hace imposible, siempre en dependencia de la calidad de la muestra, refiere.

En una persona viva las pruebas de ADN pueden realizarse con bastante facilidad tomando muestras del núcleo de las células del cabello, la sangre o las uñas.

Pero en el caso de quienes murieron hace tiempo -explica Luong-, los tejidos blandos están descompuestos y necesitamos secuenciar el ADN mitocondrial (ADNmt) de los dientes, el cabello reseco y los huesos, lo cual requiere mucho más tiempo.

Para complicar el asunto, no es aprovechable cualquier diente o pedazo de hueso; idealmente, el diente debe tener su raíz relativamente intacta, es decir, dura y brillante (no ennegrecida o totalmente cariada) y los huesos deben ser de los brazos o las piernas.

La limpieza de las muestras tampoco es fácil puesto que requiere varios equipos especializados que hacen desde el escaneo por ultrasonido, hasta el pulido, el secado y la pasteurización, precisa el experto.

La secuenciación del mtDNA, el proceso principal, requiere incluso aparatos de última generación para garantizar un análisis preciso.

Obtenidos los resultados de la muestra, lo primero que debemos hacer es cotejarlos con la composición genética de todos los que entraron al laboratorio desde el momento en que se recibió la muestra, porque un simple estornudo puede contaminarla, acota el especialista.

Nguyen Xuan Hung, jefe del laboratorio del CGAT, apunta que pese al esfuerzo y el tiempo que se dedican al proceso, la tasa de emparejamiento es solo del 20 por ciento porque incluso desde el momento de la recolección de restos, esa labor encara muchos obstáculos.

La razón principal es el clima húmedo y caluroso de un país tropical como este, donde el cuerpo se descompone muy rápido. Muchas familias viajan largas distancias solo para regresar a casa con las manos vacías porque casi no quedan rastros de ADN en los restos que traen, lamenta.

La falta de documentación es otro problema.

Esta fue la guerra más devastadora en la historia vietnamita. Una sola bomba podía aniquilar a una unidad entera y eran frecuentes los entierros que se hacían de manera apresurada, sin identificar bien a los muertos y con registros incompletos, cuenta Hung.

O más triste aún: una sola tumba podía contener miembros de muchas personas, agrega.

Él recuerda el caso de una familia que en tres ocasiones llevó restos diferentes, pero ninguno pertenecía a su pariente.

Con los estadounidenses caídos en Vietnam pasa algo parecido.

Por acuerdo de ambos gobiernos, agencias especializadas de los dos países llevan a cabo una operación de búsqueda y repatriación de los restos de los soldados norteamericanos cuyos cadáveres no pudieron ser recuperados en su momento por las fuerzas invasoras.

En aquella nunca declarada guerra, la más larga en la historia de Estados Unidos y una de las que más le ha costado en términos de vidas y recursos, sus bajas mortales ascendieron a 58 mil 169, los heridos a 300 mil y los desaparecidos a dos mil.

Los cadáveres de un número indeterminado de ellos continúa pudriéndose en las selvas o quién sabe en qué ignoto lugar de la nación que un día agredieron. La búsqueda continúa, pero para desespero de sus familias, el proceso es tan largo como penoso.

El pasado 8 de julio, la Oficina de Búsqueda de Personal Desaparecido de Vietnam entregó a funcionarios de la embajada de Estados Unidos y del Departamento de Defensa las osamentas de otros dos soldados de ese país, en lo que constituyó el traspaso número 144 desde la firma del acuerdo y el primero del actual año.

Paz también para ellos, víctimas de una de tantas guerras equivocadas.

Tomado de Prensa Latina

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