Hablando con Graziella

Graziella Pogolotti, es una de las destacadas intelectuales cubanas. Autora de varios textos entre ellos Polémicas Culturales de los 60, libro que reúne ideas fundamentales debatidas por aquellos que dentro de la Revolución trabajaron en el campo literario, artístico y cinematográfico

Desde hace varios días, cito su nombre. Espero el escrito que seguramente publicará en uno de los periódicos Juventud Rebelde o Granma, en los que suelen aparecer con frecuencia sus excelentes artículos relacionados con la literatura, el arte o la cultura. Y es que esta critica ensayista y profesora, siempre tiene algo que compartir con sus lectores o seguidores, pues sin imponer su concepción filosófica o ideológica, nos convida a reflexionar sobre un tema determinado.

Graziella Pogolotti (Paris, 1932) debe rememorar por estos días muchos de los documentos, cartas, y criterios que discutieron los   artistas, cineastas y escritores al principio de la Revolución, cuando se definían las bases de la política cultural cubana.

Los sucesos de los últimos semanas me llevan de regreso a Las polémicas culturales de los 60, uno de los textos de la también premio Nacional de Literatura y de Enseñanza Artística (2005),  que recopila varios materiales con los puntos de vistas y enfoques de la  intelectualidad que protagonizó diversos encuentros, debates e intercambios durante ese período (1959 a 1970), el cual reflejó el espíritu  transformador de esa época.

Luego de releer sus páginas, considero una referencia indispensable todo el devenir que desde entonces y hasta las últimas jornadas,  requiere el planteo de las demandas de los creadores de hoy respecto a problemas más cercanos en el tiempo, los cuales pautan nuevos desafíos y proyectos.

Creo que tras la experiencia acumulada de aquel entonces ella,  Alfredo Guevara, José Antonio Portuondo, Nicolás Guillen, Lizandro Otero, Roberto Fernández  Retamar, Miguel Barnet, Ambrosio Fornet , Jesús Orta Ruiz, Julio García Espinoza o Tomás Gutiérrez Alea, nos dejarían claro, que la convocatoria de hoy, no es para una pugna intelectual, ni  un duelo de ideas.

En aquel entonces también hubo una coyuntura política difícil, marcada por la agresión imperialista y actos violentos, pero en medio del rumbo que tomaba  el proceso revolucionario, a pesar de las  diversas corrientes estéticas, de la resistencia, de las discordancias entre unos y otros, los aciertos, las virtudes o los vacios, se demostró la necesidad de construir  entre todos una cultura del debate que reforzara  a la nación, desde la legitimidad de defenderla.

Sería muy subjetivo que al conversar sobre estos temas se obviara que en aquellos años también  existían contradicciones, desacuerdos, intelectuales con ideas diferentes como José Lezama Lima, Jorge Mañach, Ramiro Guerra por citar algunos ejemplos, pero que a pesar   de ello, los unía la oposición al dogmatismo, al oportunismo y el compromiso  intelectual.

Imposible ignorar de nuestra memoria, que a partir de 1959, surgieron nuevas instituciones, escuelas de artes, espacios para la comunidad, la producción y enseñanza artísticas, para la crítica del arte y la literatura, además de eventos nacionales e internacionales en todas las manifestaciones de la cultura, los cuales reflejan, el objetivo, la estrategia, las bases y los programas de la política cultural cubana.

 

        

Palabras a los intelectuales en la Biblioteca Nacional se convirtió en uno de los espacios de debate cultural más importante de la Revolución cubana

Hablando con Graziella, volveríamos a aquellos días que en medio de ese panorama, se desarrolló en Cuba el intercambio con Fidel en la Biblioteca Nacional conocido como Palabra a los intelectuales o al Congreso Cultural de La Habana en 1968 o  las fundaciones de revistas, como Casa de las Américas que constituyó una plataforma para la identidad de la literatura y el pensamiento latinoamericanos.

Estoy segura que si  al respecto hablara con Grazziela, desde su perspectiva personal más que anecdótica, ella sería analítica, para  sintetizar el pensamiento sociocultural en ambos contextos, porque los debates de entonces enseñaron a pensar con cabeza propia, a reivindicar la cátedra a las nuevas tendencias de la estética contemporánea, aprender en todas las direcciones, a reconocer la pluralidad de matices y puntos de vista, a escuchar, a enriquecerse de  las complejidades de las obras, del aporte reflexivo de todas las generaciones y de los públicos, a la inclusión y al carácter participativo para salvar a la Revolución y avanzar en la construcción de nuestro proyecto social.

Indudablemente subrayaría otra vez aquellas líneas que dejó plasmadas en el prólogo de este libro cuando escribió que “… en el arte y en la vida, el deber de todo revolucionario es hacer Revolución…”

De no ser así, no se entendería entonces la riqueza extraordinaria del diálogo que por estos días realizan los representantes del Ministerio de Cultura en Cuba con los  jóvenes artistas.

Debate de los jóvenes artistas con los funcionarios del Ministerio de Cultura, diciembre 2020

Graziella Pogolotti es un punto de contacto entre aquellos que fueron jóvenes hace ya tres, cuatro o 5 décadas atrás y ustedes, o nosotros, los de hoy, aunque hay que entender que cada época genera nuevas cosmovisiones, formas, contenidos, algunas rechazadas, otras incomprendidas y sólo el tiempo, nos obligará a transitar, para diseñar el presente y el futuro.

        

“…El valor de las polémicas de los años 60 rebasa su carácter histórico y testimonial. La relectura del pasado despeja verdades y contribuye a iluminar el presente. La historia no se repite, pero cualificados por coordenadas diferentes algunos temas de ayer  perduran como cuentas pendientes. Porque la historia no ha concluido. El mundo se debate entre agudas contradicciones. Para construir un sujeto  lúcido y participativo, la cultura y dentro de ella el pensamiento y la creación artística, desempeñan un papel decisivo. Cambiar la vida requiere cambiar la sociedad, alcanzar en ese proceso la plenitud de un ser humano desenajenado en la conquista del ser a través del existir. Por eso, todas las interrogantes siguen siendo válidas…”

Por razones de tiempo Grazziela no se perdería en más recuerdos, pero a lo mejor me haría otras confesiones.

 

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