Igualdad de género: un derecho impostergable

Hoy, cuando conmemoramos el Día Internacional de los Derechos Humanos y concluimos, también, la jornada por la no violencia contra las mujeres y niñas, recordamos que la igualdad de género y el empoderamiento de las féminas sigue siendo uno de los mayores desafíos a nivel mundial en materia de derechos humanos.

Desaprender normas, desmontar estereotipos de géneros, despojar a nuestras sociedades de una visión patriarcal y machista es, aún en este siglo, uno de los principales retos para la humanidad. El espacio que reclaman, cada vez con más fuerzas, las mujeres de todo el mundo, no puede seguir dominado por la desigualdad y las injusticias.

En Cuba tenemos camino adelantado en cuanto a la equidad entre géneros. Desde el triunfo revolucionario, organizaciones como la Federación de Mujeres Cubanas, de conjunto con la máxima dirección del país, volcaron su esfuerzo en garantizar la realización plena de nuestras niñas y mujeres.

Ello se evidencia en asuntos puntuales como la incorporación masiva de la población femenina al estudio y el trabajo, la equidad con respecto a los salarios percibidos por los hombres, y la posibilidad de contar con los espacios para denunciar cualquier acto que atente contra nuestra integridad física o moral.

Sin embargo, el dominio patriarcal aún es evidente sobre todo al interior de las familias y en el ámbito social. La violencia contra la mujer por razones de género presentan sus propias especificidades, que, a decir de la especialista cubana Norma Vasallo, están basadas no en su condición de personas, sino de mujeres. Ellas han sido consideradas inferiores y propiedad de los varones a los que deben respeto y esto ha sido expresado así en el discurso religioso, filosófico y refrendado en el jurídico.

Una encuesta nacional sobre igualdad de género realizada en conjunto con el Centro de Población y Desarrollo de la Oficina de Estadísticas y con el apoyo del Fondo de Población, UNICEF y PNUD confirmó que el tipo de violencia predominante es la psicológica, y que las mujeres cubanas reconocen ya la existencia de otros tipos como la económica. Tal reconocimiento es el primer paso en el camino a la erradicación en nuestra sociedad de estos maltratos. Es lógico, la víctima, mientras no se sienta como tal, no acude en busca de ayuda.

La violencia simbólica es otro de los desafíos más urgentes que debemos erradicar para lograr una sociedad verdaderamente equitativa. Este flagelo se asocia al tratamiento sexista de las imágenes y a las representaciones sociales de lo femenino. Es común encontrar en algunos productos comunicativos ideas que cocifican el cuerpo de la mujer, o que reducen su desempeño a las tareas del hogar.

Aunque nuestro país tiene terreno ganado en cuanto a inclusión se refiere, no podemos creer que son suficientes las acciones. Para lograr el cambio, la percepción que tiene la mujer sobre sí misma y la que tienen los hombres sobre ella debe sufrir modificaciones, o como diría Indira Gandhi “Para librarse, la mujer debe sentirse libre, no para rivalizar con los hombres, sino libres en sus capacidades y personalidad”.

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