Mantiene Cuba servicios de nefrología en tiempos de COVID-19

La enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2 ha obligado a reorganizar el sistema de salud en su totalidad, concentrar esfuerzos y recursos, readecuar funciones en instituciones completas, pero todo ello ha ocurrido bajo una premisa: todos los servicios que impliquen un compromiso para la vida humana se han mantenido.
Ello significa que los pacientes con enfermedad renal crónica en el país, dependientes de tratamientos dialíticos, continuaron recibiendo este servicio de salud.
Incluso, en medio de la vorágine del virus, hay un equipo de trasplantes que decidió no dejar pasar el chance de dar vida, señala Cubadebate.
El 24 de febrero último se cumplieron 50 años del primer trasplante renal exitoso en Cuba, recuerda el coordinador del Programa de Enfermedades Renales, Diálisis y Trasplante, y presidente de la Sociedad cubana de Nefrología, el profesor Jorge Pérez-Oliva.
Fue el mismo doctor Pérez-Oliva, quien en una de las recientes reuniones del grupo temporal de trabajo que evalúa diariamente el Plan nacional de enfrentamiento y control a la COVID-19, anunciaba al Presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, la satisfacción de que dos pacientes pudiesen recibir un trasplante, aún en medio de la situación epidemiológica actual.
Lo que te puedo decir sin dudas, es que el sistema de salud ha tratado por todos los medios de proteger no solo a los pacientes con la COVID-19, sino que ha hecho mucho más, ha puesto en tensión toda la red del sistema nacional de salud para garantizar que las cosas básicas no se paralicen, expresó.
El profesor Pérez-Oliva enumeró un grupo de acciones, cada una diseñada y pensada para no descuidar pacientes como los enfermos renales crónicos. “No hay vidas descartables para nosotros, había que cuidar de todos”, insistió.
Se decidió, por ejemplo, que el hospital Naval, el Luis Díaz Soto, de la capital, sería para atender casos de COVID-19 nada más, porque entre otras cosas tenía una terapia muy sólida, a la cual podíamos ponerle riñones artificiales para pacientes agudos, por si la epidemia era muy intensa, como afortunadamente no ha sido hasta ahora, dijo el nefrólogo.
Se trataba de, si había necesidad de hacer hemodiálisis en los pacientes con falla multiorgánica, este proceder estuviese garantizado en las salas de terapia, acotó.
La otra vertiente, insistió el profesor, son los pacientes crónicos que podían contraer COVID-19 y si se enfermaban, irían a esas unidades junto con todas las medidas de precaución, para recibir sus diálisis hasta tanto fuesen negativos al virus y regresaran a su unidad de diálisis acostumbradas.
Otro tema que siempre nos preocupaba era el hecho de que los pacientes crónicos no pueden dejar de dializarse, destacó.
Señaló que hay cientos de personas en Cuba para las que es vital someterse a diálisis tres veces por semana y por ello hemos tenido que tomar decisiones complejas.
“Hablamos de que tanto a los pacientes crónicos en régimen de hemodiálisis como a los de diálisis peritoneal se les ha garantizado el servicio y se ha seguido defendiendo que se tiene que dializar con la misma calidad que antes de la COVID-19, y ello se ha garantizado con el esfuerzo y la atención de muchas personas del sector y colocando en los servicios recursos de protección”, subrayó.
“Hay hospitales que hoy atienden pacientes con coronavirus como el Salvador Allende y el servicio de nefrología de allí se quedó, lo cual lo permite la estructura por pabellones independientes, asegurando la continuidad de la hemodiálisis.
Lo que no podíamos, bajo ningún concepto, era cerrar todos los servicios de nefrología, porque eso equivaldría a poner a los pacientes crónicos en una situación de minusvalía tremenda”, sostuvo.
Explicó que la actividad de trasplante en muchas partes del mundo, como en Cuba, se ha visto matizada por la situación sanitaria que ha impuesto la pandemia de la COVID-19, y hay países y regiones donde, desde que comenzó esta emergencia, no se han realizado trasplantes renales.
En la Isla, dijo, en la provincia de Villa Clara, mediante el traslado de órganos desde La Habana, se efectuaron seis trasplantes renales en el mes de marzo y cerrando abril, se hicieron los dos mencionados, en el Instituto Nacional.
Para poder llevar a cabo en estos días con prontitud este proceder, se siguieron con rigurosidad muchos pasos, enumera el profesor Pérez-Oliva.
Se hizo PCR en tiempo real a los pacientes que se fueron a trasplantar y se creó la coordinación con el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), para que estas muestras fueran priorizadas, dijo.
En esta última oportunidad, comentó, en el Instituto de Nefrología (INE) todos los equipos quirúrgicos, de cirugía y urología participaron de la actividad porque se realizaron ambos trasplantes al mismo tiempo, por los dos equipos de la institución.
Independientemente de ser una institución del tercer nivel de asistencia, el INE recibió un amplio grupo de los pacientes trasplantados del hospital Naval y les está dando atención, así como los pacientes del IPK y del hospital Militar Carlos Juan Finlay, agregó.
Hoy en el país hay alrededor de tres mil 500 pacientes en diálisis y mil 500 trasplantados, refirió el especialista.
Más allá de las dificultades que puedan existir, lo cierto es que el sistema de salud ha tenido en cuenta hasta la necesidad de garantizar los inmunosupresores que muchas de estas personas necesitan, acotó Pérez-Oliva.
Precisó que hasta la fecha, han existido muy pocos casos que han llegado a ser positivos a COVID-19 en hemodiálisis, sí algunos sospechosos, pero de trasplante no se ha reportado ninguno.
«Son muy vulnerables porque tenemos muchos pacientes mayores de 60 años, diabéticos, con asma, cardiopatías o hipertensión y la mayoría están inmunosuprimidos. Es una población de mucho riesgo», insistió.
Como una fortaleza no duda en repetir que el protocolo de actuación del país frente al coronavirus, tiene además de anexos para la atención pediátrica, a la embarazada, un acápite específico para el paciente renal, y el mismo se ha ido perfeccionando constantemente.
El grupo de nefrología, dijo, ha participado directamente de su elaboración, y estamos disponibles cuando hay algún problema en alguna terapia intensiva.
Según declaraciones de Antonio Enamorado Casanova, coordinador del Programa Nacional de Donación y Trasplante del Ministerio de Salud Pública, en el aniversario del medio siglo de la primera operación de este tipo, en los últimos cinco años más de 700 familias han donado los órganos de un familiar fallecido y con ello han posibilitado más de 900 trasplantes.
Explicó que un ciudadano tiene 10 veces más posibilidades de tener la necesidad de un trasplante de órgano que de ser un donante.
La tasa de donación de órganos en Cuba en el 2019 fue de 13,7 por millón de habitantes, lo cual ubica a Cuba en segundo lugar en América Latina.
