El emblemático Teatro Principal, testigo eterno de la cultura avileña, se vistió de gala para acoger el espectáculo «Música y Juventud», una celebración de excelente factura artística que conmemoró los 40 años de creación de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), así como los aniversarios 64 y 66 de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y la Organización de Pioneros José Martí (OPJM), en el marco del Festival Piña Colada.

La noche fue un regalo para los sentidos. Sobre las tablas del coliseo, el público avileño disfrutó de un derroche de talento, cubanía y sentimiento. Entre los momentos más ovacionados estuvo la presentación de Santa Masiel Rueda y su grupo, quienes con cada nota y cada paso hicieron latir el orgullo de ser cubanos.

La magia también llegó de la mano de la joven prodigio Adriela Reyes Rodríguez, intérprete magistral y reciente ganadora de la prestigiosa beca Omara Portuondo, cuya voz se adueñó primero del silencio y luego del aplauso.

El arte joven tuvo su espacio de luz con las vibrantes coreografías de las compañías Milexium Art Dance y Danza de los Placeres, demostrando que las nuevas generaciones llevan el ritmo en la sangre y la creación en el alma. Todo este despliegue escénico ocurrió bajo la acertada dirección artística de José Félix Ropeda, quien supo tejer cada actuación como un verso dentro de un poema colectivo.

En un momento especialmente emotivo, se realizó un merecido reconocimiento a la AHS, entregado en nombre de Musucavila y la Dirección Provincial de Cultura, como símbolo de gratitud por cuatro décadas de fomento al talento joven en el centro de la isla.

Un final para no olvidar: Talismán hizo temblar las paredes

Y para cerrar una noche perfecta, llegó el colofón. Arnaldo Rodríguez y su Talismán saltaron al escenario para encender definitivamente la fiesta.

Con temas que ya son himnos populares como «El Almendrón», «No dejes que se apague la lucecita», «Girasoles» y, por supuesto, la entrañable «Tierra de la soledad», el público no dudó ni un segundo: cantó, bailó, levantó las manos y coreó cada palabra.

Las butacas del Teatro Principal se movían al compás de los pies; las paredes temblaban con la energía de una sola voz colectiva. Por unas horas, la música y la juventud demostraron que, cuando se unen, pueden con todo.

Así se celebra en Ciego de Ávila: con arte, memoria y un futuro que ya suena fuerte.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *