Caminar es el acto más cotidiano que realizamos, pero también uno de los que más riesgos esconde si no lo hacemos con conciencia. En nuestras calles, el tránsito no es tan denso como en grandes capitales, pero eso no lo hace menos peligroso. Al contrario, la falsa sensación de tranquilidad lleva a muchos peatones a bajar la guardia, y ahí es donde ocurren los accidentes.
A menudo pensamos que la responsabilidad del tránsito recae solo en conductores de carros, motos o bicicletas. Pero el peatón es el eslabón más frágil de la cadena. Un choque a 40 km/h puede ser leve para un vehículo, pero fatal para una persona. Por eso, el cuidado del peatón comienza por el propio peatón.
Hoy es habitual ver a jóvenes y adultos caminando con audífonos en ambos oídos, absortos en música, podcasts o llamadas, mientras sus ojos permanecen fijos en la pantalla del teléfono. Esta doble distracción —visual y auditiva— anula los dos sentidos que más necesitamos al cruzar una calle:
· El oído nos alerta del motor que se acerca, del claxon que avisa o del frenado brusco.
· La vista nos permite evaluar la distancia y velocidad de los vehículos, y observar las señales de tránsito.
Cuando ambos sentidos están ocupados en lo digital, el peatón queda «desconectado» de la realidad vial. Y aunque el conductor tenga la mejor intención, hay situaciones que no puede evitar: un freno que falla, un pavimento mojado o un ángulo ciego. La seguridad no es solo responsabilidad de quien conduce, sino también de quien camina.
Ser un peatón disciplinado no significa tener miedo, sino tener conciencia. Significa adoptar pequeñas rutinas que marcan la diferencia: mirar a ambos lados antes de cruzar, guardar el teléfono al atravesar la vía, y establecer contacto visual con los conductores para asegurarnos de que nos han visto.
En Ciego de Ávila, el parque automotor ha crecido, y con él, las motos y bicicletas que circulan entre los carriles. Estas son más silenciosas y, a menudo, más difíciles de ver. Un peatón con audífonos puede no escuchar una moto que se acerca por su costado, y un ciclista puede no alcanzar a frenar si el peatón cruza de improviso. La convivencia vial es un pacto silencioso entre todos: conductores, ciclistas y peatones.
El cuidado del peatón no es individual, es colectivo. Cuando tú cruzas con atención, no solo te proteges a ti mismo, sino que también das el ejemplo a quienes te observan. Un padre que cruza mirando el teléfono le enseña a su hijo que eso es normal. Un joven con audífonos que cruza sin mirar normaliza el riesgo entre sus amigos. En cambio, un peatón atento y disciplinado contagia buenos hábitos.
Avileños y avileñas, nuestra ciudad es hermosa y caminable. Disfrutemos de sus calles, pero hagámoslo con los sentidos puestos en la vía.
El cuidado en la vía: depende de nosotros.