Este miércoles en la Asamblea General de la ONU se debate por 34 ocasión el proyecto de resolución sobre el fin del bloqueo de Estados Unidos a Cuba.  Cuando cada país dé su voto, no solo estará tomando una postura sobre la resolución de Cuba, sino también sobre el destino de todas las naciones.

El bloqueo tiene consecuencias reales

Afecta el acceso a medicamentos, la producción de alimentos, el transporte, los servicios de salud, el suministro de agua y electricidad y las condiciones de vida de las familias cubanas.

Ante la Asamblea General de la ONU estará nuevamente la verdad sobre el bloqueo contra Cuba, cuando este martes y miércoles se examine el proyecto de resolución presentado por la Isla.

Será la trigésima cuarta ocasión en que el máximo órgano deliberativo de la ONU someta a consideración el proyecto de resolución titulado Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba, que se votará este miércoles 28 de octubre.

El pueblo cubano espera contar nuevamente con un amplio respaldo internacional, en un contexto de recrudecimiento de las medidas estadounidenses y de denuncias sobre gestiones de la Administración de Donald Trump para influir en el voto de las delegaciones.

El documento presentado por Cuba recoge el impacto de esa política sobre la economía y la sociedad de la Isla: entre marzo de 2025 y febrero de 2026, los daños ascendieron a 8 083,3 millones de dólares, un 7 % más que en el período anterior, según el informe.

A precios corrientes, las pérdidas acumuladas durante más de seis décadas de aplicación del bloqueo alcanzan los 178 700,5 millones de dólares, y el texto señala, además, que, en ausencia de esas medidas, el producto interno bruto cubano habría sido un 10,8 % superior en 2025.

Lo que Waltz «olvidó» en el podio

  • La justicia y la razón que le asisten a Cuba en la defensa de su soberanía fueron acompañadas por numerosas delegaciones en la ONU

El podio del máximo órgano normativo de la ONU fue tomado, una vez más, por Washington, como escenario para desviar la atención del tema central que se discutía este martes en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

La existencia del bloqueo es palpable e innegable, tanto para quienes viven dentro como fuera de Cuba. Es un hecho conocido, que afecta a terceros países, de ahí que EE. UU. no tiene argumentos para negarlo, e intenta desplazar la mirada de la comunidad internacional de esa realidad.

Las «herramientas» diplomáticas de la Casa Blanca y sus representantes han mutado. Ya no les es efectivo, ante la mirada del mundo, presionar y amenazar a los Estados soberanos para variar su voto a favor de la resolución que pide el cese del bloqueo contra la Isla. Ahora, crean escenarios que nada tienen que ver con el asunto que reúne por estos días a la AGNU.

Ante ese discurso errado, la delegación de la nación caribeña solicitó mociones de orden. Las acusaciones de Mike Waltz, representante permanente de EE. UU. ante la ONU –en un espacio que debería ser terreno fértil para la paz y el entendimiento– recibieron la respuesta de Cuba.

«Estados Unidos no solo miente de manera grosera y prepotente: falta a la dignidad de los Estados miembros, ejerce presiones y ofende la dignidad del pueblo y del Gobierno de Cuba», afirmó el miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla.

El embajador estadounidense se atrevió a culpar a las autoridades cubanas de la compleja situación que vive el país, obviando deliberadamente que el bloqueo ha persistido durante más de seis décadas y que se ha visto arreciado como nunca desde que inició este año.

El cerco petrolero, las órdenes ejecutivas, la permanencia de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, la retención de contenedores con insumos básicos… fueron «olvidados» por Waltz, aun cuando su Gobierno es el responsable de cada una de esas formas de castigo colectivo.

Sin embargo, no faltaron en sus palabras los cuestionamientos a la cooperación médica internacional de Cuba, reconocida luego por buena parte de los oradores de diversas naciones. Se propuso también hacer dudar a los presentes en la magna sala sobre el destino de la ayuda humanitaria enviada por EE. UU. Sí, la desfachatez fue del embajador país que acosa a quienes son solidarios con el pueblo cubano.

Intentó hablar de libertades el mismo al que el Canciller cubano conminó a que su Gobierno les permitiese a sus ciudadanos viajar a la Mayor de las Antillas.

Olvidó también el «mentiroso» permanente de la nación norteña ante la ONU, que se encontraba en territorio internacional, cuando amenazó al jefe de la diplomacia cubana: «Esto es América», dijo.

Las mentiras, se sabe, tienen patas cortas. Así, pese a las calumnias y el show preparado por Washington, la justicia y la razón que le asisten a Cuba en la defensa de su soberanía, fueron acompañadas por numerosas delegaciones, quienes reconocieron que el bloqueo es el principal obstáculo para el desarrollo económico y social de la nación caribeña.

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Octubre bien podría llamarse el mes de la verdad, en el que caen las máscaras. Cada año, cuando el calendario llega a su décima hoja, Cuba se convierte en una suerte de suero contras las mentiras. En 2026 la concentración de la «medicina» es abundante, a fin de contrarrestar la «enfermedad» que azota la Casa Blanca.

Este 27 de octubre, la Mayor de las Antillas llega a la Asamblea General de la ONU con un informe colmado de cifras que han aumentado aceleradamente. Y más que con números, llega con dolorosas historias que son el día a día de un pueblo que se niega a doblegarse.

Equipos médicos que hacen complejas operaciones con lámparas recargables, niños y jóvenes que estudian en la oscuridad, familias que procuran el bocado diario porque el refrigerador no tiene frío… El bloqueo tiene muchos nombres y rostros.

No es propaganda, como le han mal llamado desde Washington. Es una realidad palpable que habita en cada hogar de la nación caribeña: que entra sin llamar a la puerta, atraviesa el televisor apagado de la sala, llega a la cocina plagada del olor del carbón, se instala en las pilas sin agua, en los cuartos en penumbras. Y también cruza fronteras, en su expresión más extraterritorial.

Se trata de una persecución declarada. Ya ni siquiera lo niegan. Así lo demuestran documentos presentados recientemente por el miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla.

A sabiendas de que no pueden destruir la Isla desde adentro, han puesto también su empeño en chantajear a todo aquel que tenga algún vínculo solidario o comercial con ella. Acuden sin escrúpulos a su poderío tecnológico, militar, comercial, para recordarles o advertirles a los gobiernos qué podría pasarles si su voto es un «sí» a favor de poner fin al bloqueo.

Han declarado que Cuba es una amenaza, pero son ellos los que coaccionan, presionan, intimidan…

Cuando la tierra de Martí presente su informe en las Naciones Unidas, esta vez habrá pasado por un debate adicional celebrado en julio, en el que las voces de muchos países no se dejaron silenciar. Habrá tenido la constancia del informe de la Relatora Especial sobre Medidas Coercitivas Unilaterales, que el Consejo de Derechos Humanos de ese organismo multilateral pudo conocer. No lo dijo Cuba, lo comprobó la ONU con toda crudeza.

Hubo también recientemente un Foro de la sociedad civil cubana de las Naciones Unidas contra el bloqueo, en el que se catalogó al añejo cerco como «el ejercicio más cruel y despiadado de reconcentración de toda una población». Y se llevó a cabo una audiencia parlamentaria pública, en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología, porque sí, son muy sensibles los efectos de esa política genocida en la Salud Pública.

Entonces, ¿quién es el mentiroso? Si el objetivo de Washington es el Gobierno cubano, ¿por qué es la supervivencia del pueblo la que está en juego?

En la ONU, este miércoles, cuando cada país dé su voto, no solo estará tomando una postura sobre la resolución de Cuba, sino también sobre el destino de todas las naciones.

Con información de Granma y Cubadebate

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