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Cuba
Hoja de ruta para el desarrollo sostenible
Entre las prioridades están la mejora de la calidad ambiental y la transición hacia una economía circular
Autor: Orfilio Peláez | orfilio@granma.cu
30 de octubre de 2026 18:10:18
La conservación de la diversidad biológica es una de las prioridades de la Estrategia Ambiental Nacional 2026-2030. FOTO: Julio Martínez Molina
La conservación de la diversidad biológica es una de las prioridades de la Estrategia Ambiental Nacional 2026-2030. Foto: Julio Martínez Molina
La conservación y uso sostenible de la diversidad biológica y los recursos naturales constituye una de las prioridades de la recién aprobada Estrategia Nacional Ambiental 2026-2030, un paso decisivo en la protección de nuestro patrimonio natural y en la construcción de un futuro más sostenible para Cuba.
El doctor Armando Rodríguez Batista, ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, significó que esta Estrategia representa una hoja de ruta concreta para enfrentar los desafíos ambientales y está alineada con la Constitución de la República, la Ley No. 150/2022 y los principales compromisos internacionales asumidos por Cuba.
Forman parte también de sus postulados fundamentales la mejora de la calidad ambiental y la transición hacia una economía circular, la gestión integral de los residuos sólidos urbanos, el enfrentamiento al cambio climático y la resiliencia de nuestros territorios.
Además, prioriza la seguridad nuclear, radiológica y física, y la integración de la ciencia, la innovación y la transformación digital en la gestión ambiental.
Rodríguez Batista aseveró que la Estrategia articula a todos los actores económicos y sociales y su implementación será territorial, sectorial y descentralizada, fortaleciendo el papel de los municipios y garantizando que la dimensión ambiental sea un eje transversal del desarrollo.
La protección del medio ambiente constituye una responsabilidad del Estado y de toda la sociedad; en ese sentido Cuba ha incorporado la dimensión ambiental a sus políticas de desarrollo.
El avance de estos propósitos requiere fortalecer la educación ambiental, la participación ciudadana y la responsabilidad de las instituciones, las empresas y las comunidades en el cuidado del entorno.
La articulación entre la gestión gubernamental, el conocimiento científico y la acción de los territorios resulta esencial para traducir los objetivos estratégicos en resultados concretos, frente a desafíos como la contaminación, la pérdida de la biodiversidad y los efectos del cambio climático.