Jorge Luis Neyra repite una escena con la precisión de quien la ha vivido mil veces. No es en un set de televisión, ni en un estudio. Es en La Habana, a punto de cerrar una convocatoria de becas de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), junto a su esposa en la casa de un amigo, armando a la carrera el proyecto que se convertiría en el documental Trovándote sin parar.
“Nos volvimos magos”, recuerda. “En veinticuatro horas armamos el proyecto”. Esa urgencia, ese hacer de la nada un todo, es la misma que lo llevó a fundar, junto a tres amigos, uno de los festivales de trova más importantes de Cuba.
Es la misma irreverencia que lo acompañó desde que, en 1987, siendo un estudiante de Economía en Cienfuegos, se topó con una organización que recién nacía y que prometía un arte fuera de los lugares comunes.
Esa organización era la AHS, y aquel joven se llamaba Neyra, porque pocos lo conocen como Jorge Luis. Hoy, a las puertas del aniversario 40 de la AHS, Neyra es Miembro de Honor. Pero su historia, como la de la propia asociación, está marcada por un inicio donde todo estaba por hacerse.
“No sabíamos ni la remota idea de qué era eso”, confiesa. Él venía del teatro, de festivales nacionales, y buscaba un espacio que no encontró en el grupo universitario. Junto a otros dos estudiantes, fundó un grupo humorístico. “En aquel momento, en Cuba estaba floreciendo un movimiento de jóvenes humoristas (…) que hacían un arte más crítico e irreverente”. Esa inquietud fue el primer imán que lo atrajo hacia la AHS, que apenas empezaba a consolidarse.
El primer gran espaldarazo de la organización a su carrera como realizador fue Estorbo, un cortometraje basado en un cuento de Vasily Mendoza, otro miembro de la AHS. “La televisión no tenía dinero para filmarlo”, sentencia Neyra. Fue la AHS, con su entonces presidenta Natacha Cabrera y la productora Yoanys Soriano, la que apostó por el proyecto. “Ese proyecto lo presento a la asociación y la asociación nos lo aprueba”.
Aquel cortometraje no solo se hizo, sino que superó todas las expectativas. “El resultado se nos fue de las manos”. Se exhibió en el Festival de Cine de La Habana, ganó premios y se ganó un lugar en la enciclopedia del audiovisual cubano. “Era mi película”, dice, con orgullo, al recordar el rodaje en Violeta, donde un equipo de jóvenes recién llegados a la televisión y a la AHS puso horas, amaneceres, sin preguntar por el pago.
Pero de las obras más emblemáticas de Neyra es, sin duda, Trovándote. El origen del evento es también la historia de una carencia. A mediados de la década del 2000, no había en Ciego de Ávila un espacio regular para disfrutar de la trova en vivo. “Eso me daba rabia”, admite.
La chispa se encendió cuando un amigo músico, Javier Jorge, le mostró su colección de grabaciones de trova. La idea de crear un espacio para exhibirlas y, sobre todo, para traer la música en vivo, se apoderó de ellos. “Lo que nos hace falta, de todos modos, es alguien en vivo”, pensaron. La oportunidad llegó con el regreso de dos trovadores al terruño, y los cuatro se sentaron a “cocinar” la idea.
Nuevamente, la AHS fue el ente aglutinador. “Fuimos a la AHS buscando apoyo”, relata. La organización les dio respaldo institucional, pero los recursos eran escasos. El Museo de Artes Decorativas les prestó su patio y se convirtió en el “primer casi patrocinador”. Cada semana, se montaba con la ayuda de otros miembros de la AHS, con “escenografías postmodernas” hechas con periódicos y el talento de estudiantes de artes plásticas. “Sin pagarle nada a nadie”, subraya. La peña se llamó Trovándote, y el primer invitado fue Ariel Barreiros, a quien Neyra llamó con la franqueza de los que saben que el arte es lo primero: “No tenemos dinero pa pagarte, hermano”.
La evolución del proyecto es el reflejo de lo que Neyra llama la “etapa de esplendor” de la AHS en Ciego de Ávila, entre 2010 y 2019. “Confluyen las dos cosas: toda una infraestructura, un apoyo… y a la vez un pensamiento crítico y sólido de los jóvenes creadores”. Trovándote pasó de ser una peña a un encuentro nacional.
La AHS, ya con un presupuesto, lo amparó como evento oficial, y la organización se consolidó como una plataforma para que jóvenes trovadores como el Dúo Iris, Amaury del Río o Nelson Valdez tuvieran su primer concierto.
La relación de Neyra con la AHS trasciende la de un simple miembro. Es la de un crítico constructivo, un rol que asumió con naturalidad porque, dice, “así me educaron grandes artistas y maestros”. En 2018, como Miembro de Honor, ya alertaba sobre la necesidad de ajustarse a los gustos cambiantes.
Hoy, su análisis es más matizado. Reconoce que el rigor y la calidad estética son lo que salvará a la asociación, pero no ignora el contexto. “La COVID-19, el bloqueo y el factor migratorio”, enumera, han llevado a que “gran parte de esos jóvenes que integraban la vanguardia artística de Ciego de Ávila se fueran”.
Para Neyra, esta sangría ha mermado la motivación y la calidad de las nuevas generaciones que ingresan. Su compromiso con la organización lo ha llevado a alzar la voz en foros como el X Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
Lo hace, sin embargo, con la convicción de que “la crítica siempre va a aportar”. No le teme a las consecuencias de sus señalamientos, que siempre, dice, son en beneficio de la cultura de su territorio y no personales. Su ejército de argumentos es su propia experiencia: “¿Qué le debo yo a la AHS? Me enseñó a hablar sin miedo, y a pensar”.
De cara al futuro, su deseo para la AHS es una sola palabra: rigor. “Podrá perder recursos, podrá perder membresía…, pero creo que lo que nunca debe perder es el rigor, la calidad estética, artística y humana de las personas que integren las filas”. Para él, la asociación es un fenómeno único en el mundo, un espacio que agrupa a jóvenes artistas y los apoya, incluso, cuando su pensamiento genera contradicción.
Mientras habla, recuerda las hojas en blanco que repartía al final de cada Trovándote para que, el público y los invitados dejaran, sus críticas, buenas y malas, de forma anónima. Era su manera de no creerse “el campeón del mundo” y de entender que la obra se construye entre todos. Ese es el legado que quiere dejar: no un premio en una gaveta, sino una obra que perdure, que sirva para que otros hagan cosas buenas por el hombre y por la cultura.
Jorge Luis Neyra no fundó Trovándote para llenar un currículo. Lo hizo porque le “daba rabia” no tener dónde escuchar la música que amaba y porque, como él mismo dice, si no hacía lo que pensaba, “reventaba”.
Esa es la irreverencia que lo define, la misma que lo llevó a tocar las puertas de la AHS en 1987 y que, casi cuarenta años después, lo mantiene firme, defendiendo la idea de que la cultura se hace con talento, con rigor y, sobre todo, sin miedo.
Tomado de Invasor