• Notar que se busca y encuentra un paliativo, genera confianza en la vida futura

Tanto la terminal de ómnibus nacionales como la estación de trenes y el tramo de la Carretera Central con su elevado en medio de la ciudad de los portales muestran la triste crisis del transporte público de pasajeros.

A puntos de recogida como el de la salida de la capital provincial hacia Ciro Redondo y Morón llegan cada vez menos viajeros porque la botella está imposible y el precio de los pasajes compite con el de un vuelo internacional.

El transporte sanitario no escapa a las durezas de la existencia cotidiana, con agravantes como sucede a los dependientes de la hemodiálisis, proceder que sustituye parcialmente las funciones de los riñones.

Si esos pacientes dejan de recibir una sesión, pueden acumular líquidos, potasio y sustancias de desecho en la sangre, lo cual puede volverse grave o ser mortal, especialmente si se prolonga o ya ha faltado a otras sesiones o si casi no orina.

Entre enfermos y sus familiares no hubo pánico, pues vieron una señal de esperanza al aplicarse ingresos temporales a quienes viven lejos o en zonas inaccesibles y reorganizaron los escasos vehículos sanitarios para prestar el servicio.

Por supuesto que no tuvieron las mismas condiciones de pocos años atrás, las limitaciones son enormes, pero tuvieron un lugar donde estar mientras permanecían a la espera de la siguiente sesión de hemodiálisis.

Durante una situación de prolongada crisis como la que padecemos, no basta con ver esa señal, también se necesita aprovecharla y convertirla en una orientación práctica, en una oportunidad para resolver el problema, como ocurrió.

También apreciaron que gracias a la reorganización se usaron los escasos vehículos disponibles, pero fue muy importante tener experiencias anteriores de que las autoridades sanitarias se ocupan de buscar soluciones.

Fue una pequeña mejora demostrativa de que el deterioro es evitable, y que a pesar de que nos empujan hacia una crisis humanitaria, es posible organizarse y actuar colectivamente para usar los escasos recursos.

Estamos ante un ejemplo de que hallar una alternativa en medio de una crisis prolongada y proteger a los más vulnerables evita el desconcierto, estimula la acción y fortalece una calma que permite confiar en que pudiera haber, como lo hubo, un próximo paso.

Se incorporaron diez taxis eléctricos al transporte sanitario provincial, destinados prioritariamente a pacientes de hemodiálisis y a otros enfermos con consultas especializadas en los hospitales Antonio Luaces Iraola, de la ciudad de Ciego de Ávila, y Roberto Rodríguez, de Morón.

También los avileños recibieron los beneficios de las recaudaciones en divisas como los de impuestos a la comercialización e importación de vehículos son fuentes del Fondo para el Desarrollo del Transporte, creado para recuperar el transporte.

Esa moneda libremente convertible fue destinada a importar vehículos eléctricos chinos (Dongfeng) asignados a servicios priorizados, como el traslado gratuito de pacientes renales a las unidades de hemodiálisis.

Los avileños avistaron señales, no ilusiones pasivas, sino de esperanza para interpretar la realidad y actuar convencidos que la situación es extrema, pero sin creer que “nada puede hacerse” o que “todo está perdido”, sino que enfrentaron “la situación difícil, pero todavía con margen de acción”.

Esa actitud no elimina la crisis ni las carencias, pero evita que la persona quede paralizada, sobre todo al encontrar un camino donde el dinero para comprar los autos eléctricos no provino de un presupuesto general en pesos, sino de un fondo en divisas, nutrido por impuestos y aranceles de la importación y venta de vehículos.

No es una solución definitiva a la crisis del transporte ni a los problemas estructurales del sistema de salud, tampoco resuelve el colapso del transporte público, las carencias de insumos médicos, ni las dificultades de los hospitales en medio de apagones.

Sin embargo, en una crisis donde muchos temen con razón que el sistema de salud colapse por completo, esta medida envía una señal de esperanza: el Estado intenta, al menos, blindar un servicio sensible y vital como la hemodiálisis.

No es la solución ideal, pero es, al menos, una señal de que todavía hay espacio para la esperanza y para la defensa de lo que se mantiene en el sistema público de salud.

Tomado de Invasor

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