Ya son más de diez décadas de historia. Corría el año 1917 cuando el central Violeta fue trasladado desde Aguada de Pasajeros, por la línea norte del ferrocarril, hasta estos predios. A raíz de aquel acontecimiento, se fundó el poblado que lleva el mismo nombre que su coloso.
Esta tierra de laureles y buganvilias está situada geográficamente al nordeste de la provincia Ciego de Ávila. Con una extensión territorial de 712.7 kilómetros cuadrados, se ubica entre los cinco municipios más extensos de la región.
Cuentan que el primer núcleo poblacional de la zona fue Cupeyes, situado en el camino real de Morón a Magarabomba. En 1917, al trasladarse la industria azucarera hacia la actual localidad, comenzó a construirse el poblado cabecera con las características de la carpintería californiana, muy influyente en aquel entonces.
El municipio fue fundado oficialmente en 1918 con el nombre de Violeta, denominación que aún perdura entre los pobladores más antiguos. Años después, al ser nacionalizados los ingenios azucareros de la zona, pasó a llamarse Primero de Enero, en homenaje a la fecha del triunfo de la Revolución Cubana, en 1959.
La mayor parte de su sector occidental está ocupado por la extensa Llanura de Júcaro-Morón. El escurrimiento hídrico es fundamentalmente subterráneo, debido a que las capas de rocas presentan numerosas grietas.
Un escudo con identidad
La realización del escudo de la localidad surgió a partir de la implementación del proyecto sociocultural Violeta, cultura e identidad de un pueblo, cuyo objetivo general es fortalecer la labor de rescate y conservación de la identidad local. En marzo del año 2000 se convocó a los artistas plásticos a un concurso. Por considerarse el más representativo y de mayor calidad artística, la comisión —con el visto bueno del presidente de la UNHIC del PCC Provincial— decidió seleccionar la obra del destacado artista Wilfredo Carballido, miembro de la UNEAC.
Historia y tradición
La zona donde se enclava el central, hoy Primero de Enero, y su núcleo poblacional mayor, se conocía anteriormente como Finca San Juan de Dios. El barrio de Cupeyes fue uno de los mayores asentamientos de la zona: ya en 1899 alcanzó una población de 633 habitantes. Sin embargo, no fue hasta la llegada de la línea férrea y el central que ocurrió el éxodo de población desde el antiguo Cupeyes hasta San Juan de Dios, convirtiéndose en la nueva comunidad agroindustrial en desarrollo.
Sus límites son: al norte, con los caminos que conducen desde Sao de Judas hasta Malezal, Boca Potrero, Miraflores y Manga Larga; al este, el margen izquierdo del río Caonao hasta su confluencia con el río Lázaro; al sur, desde el río Lázaro hasta las fincas Palmarito, Los Guanos, Sitio Nuevo y La Ceiba; y al oeste, desde los linderos de La Ceiba, Santa Lucía, Manacas, hasta Sao de Judas.
Antes de la fundación del central en 1918, los habitantes de esta zona se dedicaban al cultivo de frutos menores. Posteriormente, las siembras de caña y la producción de azúcar se convirtieron en la fuente fundamental de la vida económica del poblado. Por aquellos años, el barrio Cupeyes llegó a contar con 367 fincas rústicas. La división de las tierras en hatos, corrales y realengos, y de estos en fincas, continuó hasta 1918.
Cultura que perdura
Desde inicios de la década de 1920 aproximadamente, se practica el tejido artesanal como manifestación cultural. Es preciso destacar que nunca existió una escuela o curso formal para su aprendizaje. Producto de la inmigración y vinculado a la economía de la región, se instalaron grupos étnicos que traían consigo su propia cultura. Un ejemplo de ello es el asentamiento haitiano de Sabicú, que llegó con sus bailes, comidas, música y costumbres típicas, como la confección de instrumentos musicales y la cestería de guano, tradiciones aprendidas de sus antepasados que aún definen su cultura. De ahí surge el festival afrocaribeño Eva Gaspar in memoriam.
Un pueblo de sueños y tradiciones
Hoy Primero de Enero se distingue por la chimenea de su central, el olor a guarapo y el sabor del melado que brota de la caña. El municipio se prepara para vivir otra de las contiendas que evidencian la identidad de un pueblo cargado de sueños y tradiciones, feliz de celebrar este 16 de febrero un nuevo aniversario de su fundación.