Este 31 de julio, cuando el Teatro Principal de Ciego de Ávila abrió otra vez sus puertas para la décima edición de Circávila, el aplauso llegó con el mismo entusiasmo de siempre.
Malabaristas, payasos, el Ballet Folclórico Osokpuan Irawo con sus coreografías de «come candelas», el taller magistral de Lisbey Onosky López Galindo —Potti, del Circo Areíto de Camagüey— y una nómina de invitados que incluyó al Guiñol Polichinela y a estudiantes de la Escuela Nacional de Circo. Diez años de un evento que, dicen sus organizadores, se ha convertido en el más fuerte del país en su tipo.

Pero hay una pregunta que ronda entre bambalinas cada vez que un artista improvisa con lo que hay, en lugar de con lo que necesita: ¿qué sería Circávila sin el bloqueo?
No es un ejercicio ocioso. Cuba documenta cada año, con cifras entregadas a la ONU, cuánto le cuesta al país el cerco estadounidense. El último informe presentado por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, correspondiente al período marzo de 2024–febrero de 2025, calculó daños por 7 556,1 millones de dólares, un 49% más que en el ciclo anterior. Acumulado desde 1962, el perjuicio material supera ya los 170 677 millones de dólares a precios corrientes.

La cultura no queda al margen de esa cuenta. El Ministerio de Cultura ha reportado que la imposibilidad de comprar en el mercado estadounidense obliga a comprar más lejos y más caro.
El ejemplo del violín, citado en un informe del Fondo Cubano de Bienes Culturales, resulta elocuente: un violín 1/2 para niños que en Estados Unidos cuesta 79 dólares, a Cuba le sale por 215, un sobrecosto de 136 dólares por instrumento que se repite, multiplicado, en cada matrícula de las escuelas de arte del país.
Imaginemos entonces, con esos mismos números como base, no como fantasía, qué pasaría con Circávila si esa distancia desapareciera.

Veamos lo que significa el daño del bloqueo para el vestuario y los aparatos. Un circo vive de su utilería: telas ignífugas, mallas, aros, mástiles, sistemas de seguridad para trapecio. Hoy, esos insumos llegan a la Isla desde mercados asiáticos o europeos, con fletes que —según el propio informe cubano— encarecieron las importaciones en 1 127 millones de dólares durante el último año contabilizado. Sin esa barrera, un evento como Circávila podría comprar directamente en Estados Unidos, a un costo estimado entre 30% y 40% menor, según la relación de precios que documenta el FCBC para instrumentos y materiales artísticos comparables.
¿Y qué decir de los artistas invitados? Potti no pudo traer esta edición a la compañía camagüeyana completa por dificultades de transporte; llegó solo, representándola. Ese tipo de renuncia se repite con troupes de la misma nación y ni pensar, otros países que, para venir a Cuba, deben sortear vuelos indirectos, visados complicados y la ausencia de líneas aéreas directas desde buena parte de América.
Un Circávila sin bloqueo podría aspirar a lo que ya logra el Festival Internacional de Circo de La Habana, de Castilla y León en España, con delegaciones de una docena de países en cada edición, algo hoy fuera del alcance de un evento provincial cubano.
También habría que ver la sede y la infraestructura. El Teatro Principal, sede de Circávila 2026, reabrió hace apenas un año tras su restauración. Las obras de reparación en instalaciones culturales cubanas —climatización, tramoya, sistemas de sonido— dependen en buena medida de piezas que, según el informe del Minrex, no pueden adquirirse en Estados Unidos ni con las líneas de crédito habituales, lo que obliga a rutas de suministro más largas y costosas.

Y en el apartado de las coberturas periodísticas y las transmisiones. Circávila ya se sigue por streaming de Radio Surco y Televisión Avileña, pero las plataformas globales de mayor alcance —donde un evento circense podría venderse como producto cultural exportable, con ingresos por derechos de transmisión— permanecen cerradas para las entidades cubanas por las restricciones bancarias y financieras del bloqueo, que en el último período afectaron a 40 bancos extranjeros que se negaron a operar con Cuba.
Nada de esto convierte a Circávila en una víctima; el evento, año tras año, se hace con lo que hay, y eso también es parte de su mérito. Pero medir la distancia entre lo que existe y lo que podría existir, con cifras y no con retórica, es la manera más honesta de entender por qué cada edición cuesta el doble de esfuerzo del que debería costar.
En la clausura de esta 10ma edición, Yodennis Giménez, líder del circo Haliom, de Morón, invitó a todos a ser parte de la 11 aventura circense y lo hacía de manera auténtica, optimista, esperanzadora. Quizás no crea que el bloqueo vaya a desaparecer para el 2027, pero a lo mejor tiene puesta sus expectativas en el resultado de las 176 medidas económicas que Cuba estará implementando en este 2026 y que tendrán incidencias también en la cultura, escudo y espada de la nación.