Por un estrecho camino que parte desde Guadalupe y atraviesa la comunidad El Serrucho, se llega a la finca de los hermanos Olides y Oliver Rodríguez Fernández, quienes se han convertido en productores tabacaleros de avanzada en el avileño municipio de Florencia
Por un estrecho camino que parte desde Guadalupe y atraviesa la comunidad El Serrucho, se llega a la finca de los hermanos Olides y Oliver Rodríguez Fernández, quienes se han convertido en productores tabacaleros de avanzada en el avileño municipio de Florencia.
Los Chinos, como se les conoce a los dueños de la finca, pueden presumir de tener en sus tierras todo el ciclo que inicia con la semilla del tabaco y culmina con la venta de las hojas clasificadas en diecinueve clases, según su calidad, fruto de disponer de su propio semillero y escogida, además de las típicas casas de cura y tierras para cultivar.
“El semillero normal se llama semillero tradicional que es el que se hace en el campo, este es un semillero tapado. Se llama cepellón”, explica Olides mientras ojea las posturas que se sembrarán en el día.
Las semillas son de tamaño minúsculo, se riegan en tierra especialmente preparada para ellas, donde germinan al cabo de seis o siete días. Luego de eso crecen por montones y, unos veinte días después, tras alcanzar el tamaño requerido, se trasplantan a las bandejas donde se desarrollan hasta alcanzar el punto ideal para su siembra en el campo.
“Lo que más se siembra en esta finca es tabaco tapado, pero también sembramos al sol. Después de que el tabaco pase el proceso de curado, lo procesamos también aquí. Tenemos una escogida, es una modalidad nueva. Aquí sacamos el tabaco con calidad de exportación”.
Poco después de la panorámica general es tiempo de ir al campo a sembrar. Son las siete de la mañana, hora a la que comienza la jornada laboral en la finca Los Chinos. Una docena de trabajadores acompañan a Olides, gran parte de ellos jóvenes.
“En el campo empezamos a sembrar el día veinte de noviembre. En sesenta y cinco días ya el tabaco empieza a cosecharse, se va haciendo por cortes que empiezan de abajo hacia arriba, siguiendo el proceso de maduración que tiene.
“El primer corte de abajo es un tabaco muy fino y muy ligero, de poco color y poca grasa, tiene una textura muy fina. En ese primer corte se arrancan dos o tres hojas. Después viene otro corte que está en la mediación, se llama corte centro fino. Es un tabaco que tiene un poco más de calidad, ya de exportación, es una capa de lo que es el torcido. Ahí se le arrancan tres, cuatro y hasta cinco hojas. Cuando se acaba de hacer ese corte en el campo completo, viene otro corte más.
“Quedan entonces arriba cuatro hojas. Hay un corte que es de las hojas de abajo de esas cuatro que quedan, llamado centro gordo, es el de máxima calidad. El último corte es el de las últimas dos hojas de arriba, es un tabaco más grueso, con mucho color, ese tabaco también es de exportación”.
En la finca de Los Chinos este año se sembrarán ocho hectáreas de tabaco tapado y dos de tabaco al sol. Una máxima sobre la tradición tabacalera en Cuba versa que nuestra fortaleza es la herencia, y es que esta planta requiere atenciones y cuidados que solo la experiencia puede garantizar.
“Cuando todo esté sembrado hay que venir atrás, el campo va forrado completo con tela de mosquiteros, por los lados y por arriba. Cuando acabas de sembrar el campo tienes que venir con una buena tropa y le echas el abono entre planta y planta. Entonces vienes con una guataca, tapas el abono y atrás se aplica el regadío para que la planta lo absorba.
“Todas las semanas hay que ir haciéndole cosas al tabaco, él te va pidiendo a ti las cosas, es una planta que es muy exigente, de un ciclo muy corto. En sesenta y cinco días ya está lista, pero en ese tiempo debes hacer las cosas al detalle”.
Olides cuenta que hay un momento exacto para cada atención que requiere el tabaco y una forma para hacerlo, desde el agua para regar hasta las fumigaciones y el momento de desbotonar la planta para que detenga su crecimiento una vez que alcanza el tamaño ideal.
“Tiene que ser de una forma que pocas personas saben y se hace en tres pases. Son gente que tienes que poner para eso porque es una cosa muy delicada. Si lo hacen mal te va desgraciando la vega.
“Cuando el tabaco está grande le empieza a brotar un hijo y entonces ese se le tiene que ir sacando, se saca también en tres pases. Se va limpiando porque ese hijo es un ladrón, si se deja, lo que hace es crecer y entonces la mata no echa las hojas grandes, no crece como debe ni alcanza la calidad que tiene que tener.
“No hay un momento libre, cuando se empieza, se empieza en serio. La planta de tabaco es muy exigente, te exige mucho y lo que tú no lo hagas como es, ella te lo cobra. Esos pasos en el campo son inviolables, lo que no hagas te sale al final en la calidad de la hoja. Uno tiene que ser más exigente que ella”.
Alta calidad de posturas muestra el productor Olides
La tierra en la que siembran los hermanos Rodríguez Fernández estuvo cubierta por marabú y otras malezas hasta hace muy poco. No solo fue la dedicación y el empuje por sembrar más lo que los motivó a preparar esa extensión dada en usufructo que lucía abandonada, sino que era prácticamente una necesidad derivada de los tantos requisitos que tiene el tabaco.
“Sembrábamos en tierra ya muy trabajada. El tabaco ya se enfermaba mucho. Cuando siembras demasiado en un terreno empiezan a caer las enfermedades que atacan las raíces, el tallo, las hojas y el rendimiento es menor.
“Las tierras así están más cansadas, no tienen todos los nutrientes que tienen que tener. Estas donde estamos sembrando ahora son tierras vírgenes. Hace treinta años aquí no se sembraba nada, aquí están todos los nutrientes que tiene que tener una planta.
“Para cultivar tabaco las tierras deben rotarse cada tres años. Este año siembras aquí, el año que viene siembras en otro lugar y el siguiente en otro diferente, entonces, cuando pase el tercer año vuelves otra vez aquí. Es así como debe ser. Todas las cosechas tienen que tener una buena preparación. Ahí parte todo”.
El éxito en la preparación de las posturas está en manos femeninas
Es de esperar que un cultivo tan retador como el tabaco necesite niveles de aseguramiento a la altura. “Con el combustible siempre estamos apretados, a pesar de que este sector se prioriza mucho. Aquí se consume mucho petróleo. En cuanto a los recursos como el abono, Tabacuba es bastante cumplidor. Por ejemplo, ya el abono de esta campaña está casi completo, todos los fungicidas y los plaguicidas que se van utilizando también están”.
“Trabajando hay unas veinte personas ahora. Cuando llega la cosecha empieza a haber un poco más de gente. Ahora hay doce aquí trabajando en el campo, en los semilleros y las casas de cura hay más. Cuando llega la hora de la recolección aumenta más todavía, a veces tenemos treinta o cuarenta trabajadores diarios”.
En las casas de cura se define la calidad del tabaco
Aunque el tabaco es el principal renglón en la finca Los Chinos, no es el único. Olides cuenta que también cultivan plátano, frijoles, yuca, malanga y caña, esta última, para el consumo de los animales que crían. Muchas de esas producciones son para autoconsumo y una parte se destina a la venta a la población.
En la finca se aprecia también un fuerte movimiento por extender las producciones. “Tenemos una cochiquera, la estamos activando ahora. Vamos a criar en ella unos cuantos cerdos. Estamos haciendo una nave de gallinas ponedoras en la que pueden caber setecientas mil y también un almacén de pienso”.
Es a base de esfuerzo, dedicación y mucho trabajo de Olides, Oliver y todos los trabajadores de la finca Los Chinos el resultado productivo que esta obtiene año tras año. El tabaco tiene también su espacio bien ganado en Ciego de Ávila con tradición y resultados.
Tomado de Invasor