- Este 18 de junio, a 19 años de su partida física, recordamos a Vilma como la joven bonita y afable que se convirtió en el amor eterno de Raúl y en esencia de este pueblo
Dicen que la 3ra. Conferencia Regional para América Latina y el Caribe, convocada por la Federación Democrática Internacional de Mujeres, en Ciudad de México, anunciaba su culminación sin que se hubiese logrado un consenso ni ningún acuerdo concreto en defensa de las mujeres. Inquieta, desde su escaño al frente de la delegación cubana, no podía ocultar su inconformidad.
De modo que cuando el moderador de la sesión anunció el cierre del evento no pudo más y se irguió con toda su fuerza de combatiente clandestina y guerrillera, con el mismo ardor con el que, al frente de las féminas, se había levantado contra siglos de discriminación tras el triunfo. «Aquello era una afrenta…», dijo cuando intempestivamente tomó la palabra, amplificando el sentir de muchas en aquella sala. Esa era Vilma Lucila Espín Guillois, la muchacha audaz y transgresora nacida en el Santiago de rebeldía y corneta china, que siempre llevó ufana esa herencia por el mundo, orgullosa, de ser paisana de Heredia y Antonio Maceo.
Perteneció a una familia de buena posición económica, tuvo belleza, inteligencia; no necesitaba meterse en política, pero optó por jugarse la vida en las calles de Santiago.
Cuando le llegó el tiempo de ir a la universidad, quiso estudiar Medicina y ser cirujana del corazón, pero ello implicaba trasladarse a La Habana. Tampoco pudo ser piloto, su otra gran pasión. Entonces optó por la Ingeniería Química Industrial, un terreno por entonces exclusivo de hombres, decía que para contribuir desde su especialidad al futuro tecnológico del país.
Fue la segunda mujer que se graduó en Cuba de esa carrera y, ya desde su época estudiantil, comenzó a pensar cómo aplicar lo aprendido: cómo embotellar el famoso pru oriental, cómo aprovechar las bondades de las plantas medicinales. En pleno período especial, sus conocimientos fueron alternativas para muchos: cómo hacer cloro con las cenizas de los centrales azucareros, cómo aprovechar las semillas de higuereta para producir el líquido de freno que necesitaban las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Formó parte de una generación que rechazó la politiquería, que había traicionado los ideales patrióticos y las doctrinas de Martí, por eso aquella jornada, en medio de una clase de Mecánica en la Universidad de Oriente, cuando un bedel anunció: «Batista tomó el poder», comprendió que había llegado la hora de hacer por Cuba de verdad.
Así supo convertirse en la confi anza de Frank País, en la combatiente disciplinada y responsable, que sería un puntal en la organización del levantamiento armado en apoyo al desembarco del Granma; la joven de coraje y detalles, cuyo aporte en el aseguramiento logístico de la Sierra sería insuperable.
Cuando luego de la victoria revolucionaria las mujeres pidieron participar del cambio y Fidel le encomendó liderar la naciente Federación de Mujeres Cubanas, puso toda su pasión y ternura en derribar años de exclusión para las féminas. En su despacho trabajaba sin horarios ni días de la semana.
A los niños, que para ella eran algo especial, les dedicó tiempo y empeños desde proyectos como las casas para niños sin amparo parental y los círculos infantiles. El vínculo con su pueblo es innegable. Se iba por las noches para las cuadras y se sentaba en la calle a compartir con los vecinos. Escuchaba sus ideas y sus preocupaciones.
Así la seguimos recordando este 18 de junio, a 19 años de su siembra infinita, como la joven bonita y afable que se convirtió en la confianza de Frank, en el amor eterno de Raúl y en esencia de este pueblo, pues, como dijo Fidel: «el ejemplo de Vilma es hoy más necesario que nunca».
Tomado de Juventud Rebelde