- La escasez de medicamentos en Ciego de Ávila, agravada por las restricciones del bloqueo estadounidense a la importación de materias primas, obliga a la red de farmacias avileña a garantizar solo el 10% del cuadro básico nacional, mientras protege con prioridad a niños y embarazadas
Hay una forma silenciosa en que el bloqueo entra a las casas avileñas: no siempre se anuncia con un apagón prolongado ni con un titular de urgencia. A veces se cuela, más bien, en el estante vacío de una farmacia de barrio, en la mirada cansada de quien busca un antihipertensivo que no aparece, en el bolsillo de una madre que necesita óvulos vaginales para su hija y solo encuentra la palabra «no existe».
Dulce María Fernández Martínez, directora general de la Empresa Provincial de Farmacias y Ópticas en Ciego de Ávila, lo dice sin rodeos: la afectación es profunda porque toca la salud del pueblo. Y las cifras, frías como suelen ser las cifras, no dejan espacio para la duda. Del cuadro básico nacional de 603 medicamentos, la provincia carece hoy de 306. No obstante, por cuestiones de logística y falta de combustible se suma al déficit nacional unos 151 medicamentos para un total de 457 no disponibles en nuestros almacenes. De hecho, la red avileña trabaja, en la práctica, con apenas el 10% de ese cuadro básico.
El origen, explica la directora, no está en la falta de industria propia —Cuba cuenta con una industria médico-farmacéutica que ella misma califica de fuerte—, sino en la imposibilidad de importar las materias primas y los materiales de empaque: estuches, blísteres, frascos. Sin ellos, ni la fábrica más capaz puede completar el ciclo.
Antibióticos, antihipertensivos, sedantes para una población que envejece, anticonvulsivantes que inciden directamente en la convivencia diaria de los niños, medicamentos para cardiópatas: la lista de faltantes atraviesa generaciones enteras. Y dentro de los llamados medicamentos de tarjeta control —84 en total, los que el sistema reserva para tratamientos más delicados— 47 están hoy en falta, y los que sí entran lo hacen con una cobertura que no alcanza para toda la población que los necesita.

Frente a ese panorama, la empresa ha optado por una decisión de peso social: proteger, pese a todo, el Programa Materno Infantil. Niños pequeños y embarazadas —incluidas las que cursan con hipertensión— reciben prioridad con lo poco que hay. No es que la escasez se acepte sin más, subraya Fernández Martínez; es que existe un respaldo nacional deliberado hacia ese grupo.
El costo económico también se siente. La empresa, vanguardia nacional en 2025 con 22 millones de pesos en utilidades e ingresos superiores a los 124 millones, ha visto caer su ingreso mensual de 10 a 6 millones de pesos: una pérdida de 4 millones cada mes, consecuencia directa de la falta de medicamentos y de materias primas para producirlos en la provincia.
Ante la adversidad, la empresa busca aire en las transformaciones económicas que hoy recorren el país. De las 176 medidas aprobadas para la empresa estatal socialista, 17 inciden directamente en Farmacia y Óptica avileña. Una de ellas ya es visible: la reciente apertura de la tienda Farmatodo, donde se comercializan productos fuera del cuadro básico, y el arrendamiento de locales que generan ingresos adicionales.
«Quiero transmitir lo que sienten todos mis trabajadores de la red de farmacia avileña», dice la directora, y en esa frase cabe una provincia entera que resiste, cada día, con el estante medio vacío y la voluntad intacta.
Tomado de Invasor