• Un oftalmólogo avileño convierte la escasez en oportunidad y abre en la ciudad un espacio que mezcla óptica, gastronomía y objetos religiosos, con la mirada puesta en integrarse a la vida cultural del territorio

Hay ideas que nacen del vacío. José Antonio Herrera Porro, especialista en oftalmología devenido emprendedor, lo sabe bien: fue precisamente la ausencia de insumos para atender las necesidades visuales de la población lo que lo llevó, junto a un grupo de socios, a imaginar un negocio que hoy tiene nombre propio y fecha de apertura.

“Nos percatamos que había mucha debilidad en ese sentido por las condiciones que todos conocemos”, cuenta Herrera Porro, socio principal de Avilea SURL (Sociedad Unipersonal de Responsabilidad Limitada) con sucursales en Morón y en Ciro Redondo. La respuesta a esa carencia se llama Avilea, y abrirá sus puertas este lunes 31 en la ciudad cabecera provincial.

De la óptica a la identidad

El proyecto arrancó con un propósito concreto: comercializar productos ópticos en una provincia donde escaseaban. Pero sus fundadores decidieron no detenerse ahí. “Queremos también tener una identidad propia como avileños”, explica el especialista, quien insiste en que el negocio busca trascender la simple venta de espejuelos para convertirse en algo “marcado en el lugar” donde nació, con vínculos hacia la cultura y la comunidad.

De ahí el nombre: no Avilea Óptica, sino Avilea a secas, “donde la óptica va a ser una de las actividades que nosotros desarrollamos”.

En materia de servicios visuales, el local recibirá las recetas emitidas por el Sistema Nacional de Salud —policlínicos y hospitales— y ofrecerá espejuelos y lentes de contacto personalizados.

“Tenemos un lema: lo que el paciente lleve realmente sea de acuerdo al asesoramiento que tenemos”, dice Herrera Porro, quien destaca la capacitación del equipo que atenderá a cada cliente según sus necesidades individuales.

Un café mientras se espera

La faceta gastronómica de Avilea surgió como complemento práctico: mientras el cliente aguarda por su servicio óptico, podrá consumir bebidas, refrescos y productos empaquetados. Es, por ahora, una oferta modesta que sus gestores planean ampliar. “Hasta que en un momento determinado podamos tener una cafetería con mayores prestaciones”, adelanta el entrevistado, sin comprometer fecha para ese salto.

Al amparo de las 176 medidas

El itinerario de Avilea encaja, punto por punto, en el nuevo marco regulatorio aprobado este verano por el Gobierno cubano. El paquete de 176 medidas económicas y sociales, presentado en junio ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, autoriza expresamente —medida 26— que las formas de gestión no estatal desarrollen otras actividades productivas y de servicios sin abandonar su actividad principal. Es, casi al pie de la letra, lo que ha hecho la SURL avileña: sin renunciar a su vocación óptica, sumó gastronomía, comercio de artículos religiosos y, en gestiones ya avanzadas, un salón de ceremonias, una diversificación que apenas hace un tiempo hubiera chocado con límites legales más estrechos.

A esa apertura se suman otras dos medidas del mismo paquete: la número 19, que reduce los requisitos, trámites y términos para la creación, conversión y operación de las formas de gestión no estatal, y la 27, que acorta la lista de actividades prohibidas para los actores económicos no estatales. Ambas ayudan a explicar la rapidez con que Herrera Porro y sus socios pasaron de la idea al negocio con sucursales en Morón y en Ciro Redondo, y las gestiones —hasta hace poco impensables para una óptica— para arrendar un espacio en el vestíbulo del Teatro Iriondo y tejer alianzas con el Consejo Provincial de las Artes Escénicas.

La cultura como horizonte

El capítulo más singular de esta historia tiene que ver con las gestiones que Avilea adelanta junto al Consejo Provincial de las Artes Escénicas. La empresa negocia el arrendamiento del espacio conocido como Palenque Poseído, contiguo al Teatro Iriondo—la institución teatral centenaria de Ciego de Ávila y sede del Ballet Folclórico Osokpuan Irawo, guardián de la tradición yoruba y haitiana en la cultura avileña— para instalar allí un salón de ceremonias.

La idea, según Herrera Porro, no tiene precedentes en la provincia: organizar ceremonias religiosas con asesoría cultural y folclórica, de la mano de un equipo propio. A esto se suma la apertura de otra tienda de artículos religiosos en la ciudad.

“Tenemos un abanico de actividades sociales”, resume el emprendedor, convencido de que la salud visual, la cultura y la fe popular pueden convivir bajo un mismo techo. El próximo lunes, Ciego de Ávila comprobará si esa apuesta encuentra eco entre sus vecinos.

Tomado de Invasor

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