•  En la finalizada 45 semana de la cultura avileña, esta artífice de la palabra fue distinguida por sus aportes intelectuales a la provincia.

Cuando Carmen Hernández Peña habla de cultura, no se refiere únicamente a los libros que escribió o edita. Para ella, ser una mujer de la cultura implica una forma de existencia comprometida con el quehacer artístico y comunitario de su tierra. Desde su librería —más un espacio de encuentro que un negocio— hasta su paso como docente en la Universidad de Ciego de Ávila, Hernández Peña ha construido una vida dedicada a promover, compartir y defender las letras y las tradiciones de una ciudad que lleva en el ADN.

En esta conversación, la escritora, editora y gestora cultural habla de sus raíces, sus pérdidas recientes y esa «fuerza viva» que, dice, mueve a las comunidades desde el amor incondicional al prójimo.

Te defines como una «mujer de la cultura», pero aclara que no solo por el hecho de escribir…

Exacto. Si yo solo escribiera, me limitaría a civilizarme a mí misma, pero no sería una mujer de la cultura en el sentido pleno de la palabra. Yo soy una promotora natural. Cuando trabajaba en la universidad aquí en Ciego de Ávila, creé espacios que promovían a los escritores. He hecho talleres, tengo esta librería que a veces no me da dinero, pero me da amigos. Aquí armamos tertulias, hablamos de arte, de chisme, de todo. También soy editora. Todo eso me convierte en lo que soy: una mujer de la cultura.

¿De dónde viene esa vocación de servicio a la comunidad?

Vengo de una familia de «fuerzas vivas», como se decía antes. Personas que sin ser artistas ni intelectuales formales, eran el alma de su barrio. Mi abuela materna vino de Castilla-La Mancha a Ciego de Ávila; mi abuelo, de Galicia. Por parte de padre, mi abuela era de Manatí, de las Villas. Yo soy avileña por cuatro generaciones, con la familia Peña metida en la historia local hasta el tuétano.

Mi madre fue reina del carnaval en 1943, cuando los carnavales se hacían en el Centro Asturiano. Mis tíos eran bomberos voluntarios.

Hay una anécdota que me contaban de niña: en la cuartería donde vivíamos —donde hoy cruza la carretera— estaba la Clínica Olazábal, de un médico vasco muy conocido. Cuando había un accidente y se necesitaba sangre, mis tíos acudían. Si el accidentado moría, la familia quedaba eternamente en deuda con los míos. Eran personas así, malas para los negocios pero buenas para el mundo. Yo admiro profundamente a los bomberos voluntarios que se juegan la vida por los demás. Yo nací en esto, también miembros de una logia masónica. Es una misión que traigo como si hubiera vivido en los años veinte: recuerdos que vienen en el ADN.

La ciudad la ha reconocido como Hija Ilustre…

Me dieron el escudo de la ciudad. Y hay gente que me dice: «Te hicieron hija ilustre». Yo respondo: «A mí nadie me hizo nada. Yo nací ilustre del vientre de mi madre». No me falta modestia, pero me juzgo a mí misma sin juzgar a otros. Fui reconocida porque nací en una familia ilustre, trabajadora y decente. Me gusta que me digan: «Carmen, tú eres avileña», porque amo profundamente esta tierra.

Ha sido un período difícil para usted últimamente…

Desde octubre ha sido muy malo. Perdí a un primo. Me cayó la “sarna” como yo le digo, con la chikungunya —y esta ciudad creo que fue una de las provincias más afectadas— y luego la muerte de mi amiga, y después la de mi directora. La sentimos mucho porque era como la madre de todos nosotros, de los escritores, del trabajo cultural. Nadie puede reemplazarla.

Pero también hay que dejarle un lugar a la felicidad y a la coyuntura. Eso me pone contenta: que Ciego de Ávila me reconozca. Estoy satisfecha con mis aportes a la cultura avileña, aunque nunca del todo; siempre me falta algo. Pero creo que hasta el momento he hecho cosas importantes por este lugar que amo tanto.

– ¿En qué proyectos está inmersa actualmente?

Siempre estoy escribiendo algo. Tengo un libro de poesía listo para publicar y otro en proceso. Como trabajadora de la editorial, estoy editando a varios autores; ahora mismo le estoy dando forma a un libro de crónicas de Larry Morales que está muy interesante. Y me dedico a vivir cada día. Cuando uno se levanta y renace, creo que eso es lo más importante.

– ¿Qué mensaje le envía a quienes la escuchan?

Que soy muy pesada, pero que no me tengan en cuenta por eso. A pesar de los pesares, soy absolutamente buena gente y muy buena amiga. Cuando digo sí, digo sí; cuando digo no, digo no. Sin medias tintas.

Por Vasily MP

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