Desde hace dos años, la cultura avileña enfrenta un desafío que trasciende el brillo de un telón o el compás de una conga. Con la entrada en vigor de la Ley 155 del Patrimonio Cultural y Natural, en marzo de 2024, el Centro Provincial de Patrimonio se ha embarcado en la tarea titánica de catalogar, proteger y revitalizar un legado que perdura en la historia patria.

Según declaraciones de Doralis Nuez González, directora del Centro Provincial de Patrimonio Cultural, la nueva legislación establece la creación de una comisión a nivel provincial, así como comisiones municipales dedicadas a la protección del patrimonio cultural inmaterial. En este ámbito, explicó, se abordarán las medidas de salvaguarda mediante acciones comunitarias, entre las que destacan el trabajo en los museos y las casas de cultura de cada territorio.

Uno de los aspectos más novedosos de la Ley 155 es su énfasis en la participación ciudadana y la educación patrimonial. Esto se materializa en visitas a museos y fortines, así como en cursos y talleres de capacitación que ya comienzan a vislumbrarse en la provincia.

Y es que, si hay un ícono que respira historia en estas llanuras, ese es el sistema de fortificaciones; un ejemplo paradigmático es el cruce de la trocha militar de Júcaro a Morón, declarado Monumento Nacional. Bajo el amparo de la nueva ley, este sitio se ha convertido en uno de los principales focos de atención para los especialistas avileños.

Nuez González también adelantó a Televisión Avileña que actualmente se preparan dos expedientes en la provincia. El primero es para el Faro de Cayo Paredón Grande, una construcción del siglo XIX que, por su relevancia, reúne todas las condiciones para ser declarado, aunque la aprobación final debe pasar por las asambleas municipales.

El segundo expediente, en el que trabajan los especialistas del Centro de Patrimonio, es para «El Gallo de Morón». Esta obra del siglo XX, creación de la reconocida escultora Rita Longa, representa un símbolo de la ciudad por su trascendencia sociocultural.

De este modo, Ciego de Ávila transita el camino de poner en práctica una legislación moderna con las herramientas del pasado, en la búsqueda de demostrar que proteger el patrimonio no es un gasto, sino una inversión en la identidad.

La ley existe, el deseo está presente, pero el éxito de la misión dependerá de que la voluntad política, los recursos materiales y el amor por lo nuestro logren, por fin, bailar al mismo son.

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