No son figuras legendarias de un pasado lejano. Son rostros cercanos, sonrisas que aún recordamos, manos que construyeron, curaron y enseñaron. Son los hijos e hijas de la Patria que ofrendaron su vida en misión de solidaridad.

Hoy, la memoria oficial se detiene para nombrarlos, para tejer su historia en el alma colectiva de la nación. No los llamamos víctimas, los llamamos héroes.

           

 

Tomado de Cubadebate

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