Esta terapia tuvo su origen en Dinamarca en el año 2013, cuando la enfermera danesa Linn Ryhammer y la terapeuta ocupacional Hanne Torkildsen comenzaron a tejer estos pequeños muñecos para acompañar a los neonatos prematuros.
La idea se extendió rápidamente por Europa y América Latina, y hoy es recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una práctica de humanización en los cuidados neonatales.
En Cuba, la iniciativa fue introducida por la provincia de Matanzas, que actuó como pionera en la Isla, y ahora Ciego de Ávila se suma a este movimiento con la entrega de los primeros ejemplares en el Servicio de Neonatología del Hospital Provincial Dr. Antonio Luaces Iraola.
Diversos estudios clínicos y experiencias hospitalarias han demostrado que el uso de los pulpos de apego neonatal aporta beneficios tangibles:
Los bebés que se agarran a los tentáculos del pulpo, diseñados para simular el cordón umbilical, logran regular su frecuencia cardíaca y respiratoria, disminuyendo los episodios de apnea.
· Investigaciones publicadas en revistas de enfermería neonatal indican que la sujeción del pulpo durante procedimientos dolorosos (como extracciones de sangre) reduce significativamente los indicadores de dolor en el recién nacido.
· Menor tiempo de estancia hospitalaria: Algunos centros han reportado que los bebés que utilizan esta terapia logran ganar peso más rápido y estabilizarse antes, lo que acorta su permanencia en la incubadora.
El pulpo se impregna con el olor de la madre antes de ser colocado con el bebé, lo que facilita el reconocimiento y la conexión afectiva incluso cuando el contacto físico directo es limitado.
La Licenciada Mairolis Medina, enfermera de la institución, fue la artífice de tejer cada uno de estos pequeños pulpos con algodón hipoalergénico y relleno de guata, siguiendo los estándares internacionales de seguridad: cabeza de 7 a 9 cm y tentáculos de 16 a 22 cm, para evitar riesgos de asfixia o enredos.
Cada pulpo pasa por un riguroso proceso de esterilización antes de ser colocado en la incubadora, y previamente es portado por la madre para que absorba su olor, convirtiéndose en un «pedacito de ella» que acompaña al bebé en todo momento.
«Cuando vi a esos bebés agarrar los tentáculos y tranquilizarse, supe que cada puntada valió la pena expresó Medina, quien con sus manos no solo teje hilo, sino también esperanza y acompañamiento en los primeros y más vulnerables días de vida
Yastra Adelina Nolasco Pérez, jefa del Servicio de Neonatología en el hospital avileño señaló que el impacto ha sido inmediato. Las madres y familiares que asisten a la sala de neonatología han recibido con emoción la presencia de estos muñecos, que transmiten calma tanto a los pequeños como a quienes los esperan con ansias fuera de la incubadora.

La galeno destacó que este tipo de iniciativas refuerza el compromiso del sistema de salud cubano con la humanización de la atención perinatal, demostrando que el amor, la creatividad y la evidencia científica son aliados indispensables en la recuperación de los más pequeños.
Con esta acción, Ciego de Ávila se suma a una red creciente de territorios que apuestan por la calma como medicina, y donde la enfermería cubana vuelve a demostrar que su vocación trasciende lo técnico para convertirse en un abrazo de hilo y corazón, por la calma como medicina, y donde la enfermería cubana vuelve a demostrar que su vocación trasciende lo técnico para convertirse en un abrazo de hilo y corazón.
Tomado de Invasor