A solo horas de que se escuche la voz de play ball, la 65 Serie Nacional de Béisbol —pactada entre el 4 de octubre y el 22 de diciembre— exhibirá un formato atípico dividido en dos zonas y cuatro grupos durante su fase preliminar, e introducirá importantes novedades para la postemporada.

En un complejo escenario económico, los ajustes responden a la necesidad de optimizar recursos. Una estructura polémica, pues los conjuntos de ambas zonas no chocarán entre sí hasta una eventual final.

Esta dinámica podría dejar fuera de la lucha por el título a selecciones con mejores nóminas, mientras otras de menor desempeño logren avanzar. Sin embargo, resulta la única fórmula viable para celebrar un torneo llamado a ser el principal espectáculo deportivo de la nación.

Cada equipo disputará un total de 44 partidos en la ronda clasificatoria; 24 contra los rivales del propio grupo en dos vueltas, en subseries de cuatro juegos. Los 20 encuentros restantes enfrentarán a los elencos de la otra llave de su misma zona mediante subseries de cinco partidos. Al tratarse de una etapa clasificatoria tan breve, un arranque adverso puede comprometer las aspiraciones de cualquier conjunto.

Al término de la fase preliminar, la tabla de posiciones se computará por zona, lo que permitirá avanzar a los playoffs a los cuatro mejores promedios de cada región. La postemporada estrenará el Sistema Page: en primera instancia medirán fuerzas el primer y segundo lugares, garantizando el vencedor su pase directo a la final divisional, mientras que el perdedor tendrá una segunda oportunidad frente al ganador del duelo de eliminación entre el tercero y el cuarto puesto. Finalmente, los campeones regionales disputarán la corona nacional en un playoff al mejor en tres desafíos, con el incentivo de que el monarca representará a Cuba en la Liga de Campeones de 2027.

Entre los detalles que trascendieron el congresillo técnico, están dos medidas dirigidas a agilizar el juego: la aplicación de un límite de 20 segundos entre lanzamientos —con o sin corredores en las bases— y la obligación de que cada pícher enfrente como mínimo a tres bateadores antes de ser sustituido. Asimismo se informó que Industriales y Villa Clara serán los primeros conjuntos en incorporar patrocinadores a sus uniformes.

Un análisis de los apartados vislumbra al Grupo B como el más desbalanceado, con yumurinos como claros favoritos al primer lugar y un Mayabeque perfilado para escoltarlo. Por su parte, la llave C se erige como la más pareja, al coincidir tres escuadras de indiscutible calibre: Las Tunas, el más estable del país en los últimos años; Sancti Spíritus, y un Camagüey reforzado hasta los dientes.

En cuanto a las nóminas, Matanzas exhibe una sólida rotación encabezada por el zurdo Yoannis Yera, y apoyada por el regreso de Naykel Cruz y Renner Rivero. Por Industriales, el gran atractivo radica en el debut de Lázaro Armenteros tras su experiencia profesional en Estados Unidos, además de un staff integrado por Remberto Barreto, Raymond Figueredo, Frank Herrera y Rafael Perdomo. Asimismo, Camagüey lucirá un potente trío abridor con Dariel Góngora, y los recién llegados Albert Valladares y Luis Miguel Vázquez.

Atendiendo a estos elementos, los pronósticos de Juventud Rebelde sitúan en el Occidente a Industriales y Pinar del Río avanzando por el Grupo A, y a Matanzas junto a Mayabeque por el B, lo que proyecta una final divisional entre leones y cocodrilos. En el Oriente, la severa disputa del Grupo C otorgaría pasajes a Las Tunas, Camagüey y Sancti Spíritus, dejando a Holguín como único clasificado del Grupo D, para definir una hipotética final regional entre leñadores y cachorros. Tendrá el terreno la última palabra.

Tomado de Invasor

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