- Como parte de las actividades en saludo al 26 de Julio, un recorrido por la Empresa Agroindustrial Ceballos, insignia de los avileños, mostró cómo el ingenio y la apuesta por lo ecológico les devuelven el latido a casas de cultivo, fincas y centros de producción
Cuando Ciego de Ávila, municipio sede de las actividades provinciales por el Día de la Rebeldía Nacional, ultima los detalles para recibir la efeméride, el campo habla con hechos. En los surcos se siembra también el homenaje a la fecha histórica.
Así lo constató Invasor al llegar al módulo 3 de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Agrícola de la Empresa Agroindustrial Ceballos.
Las estructuras semiprotegidas que se levantan bajo el sol no tienen paredes, pero sí un propósito firme: resucitar las áreas que el tiempo y las carencias han castigado.
Eloandris Tellez Carrazana, especialista de casas de cultivo, recibe, enseña, y explica, con el orgullo de quien ve reverdecer lo que parecía perdido.
“Este módulo semiprotegido tuvo un deterioro relacionado con la fuerza de trabajo. Ahora, con la nueva tipología de administración productiva lo vamos recuperando. A corto plazo debemos restaurarlo porque ya hay mejor cuidado de los medios”, explica mientras señala los canteros que integran el área.

A unos cuantos metros, el centro de producción de bioinsumos parece un laboratorio de alquimia agrícola.
Allí, Jorge Acosta Méndez, ingeniero agrónomo y jefe de colectivo, describe la filosofía que mueve la composta y los tanques de fermentación:
“Producimos bioproductos de un valor incalculable. Hacemos humus de lombriz sólido y líquido, microorganismos eficientes, usamos tabaquina, caldo de ceniza y distintos sustratos para viveros o para aplicar directo al campo”.
Al indagar sobre el destino de esos preparados, Acosta Méndez aclara que el círculo empieza en ellos y se derrama por toda la provincia.
“Producimos para la empresa, para todas nuestras casas de cultivo, pero también para el sector campesino y para productores de otras entidades. Incluso estamos sirviendo a Cubatabaco. No cerramos las puertas a nadie: el que tiene un patio y siembra puede venir; los precios son bastante económicos”.
¿Y cómo saben productores y aficionados cuánto aplicar y de qué manera? El ingeniero sonríe y responde con un gesto hacia la casa de cultivo demostrativa.
Todo lo que hacen lo prueban ellos mismos. Esa casa tiene un solo objetivo: determinar las dosis y la eficiencia de lo que ofertan. Si un productor pregunta cuánto humus líquido necesita por hectárea o por mochila, ya lo tienen evaluado. Le dan la solución exacta, también lo capacitan; y al que llega por primera vez le explican las vías correctas de uso.

“Ahora mismo tenemos una plantación de pepino totalmente ecológica que lo demuestra”, argumenta
Esa lógica de acompañar al hombre de campo con ciencia y paciencia también se respira en la finca de Ismael Méndez García, campesino de la propia UEB.
¿Cómo ha logrado la diversificación?, le preguntan, y Méndez resume su receta con la sencillez de quien confía en lo que toca:
“Echando de todo, sobre todo mucho sustrato foliar, y la eficiencia es buena”. A la hora de mirar hacia adelante, no esconde el entusiasmo: “Queremos hacer un trasplante, si las lluvias nos dejan. Y la piña, que sembramos inicialmente para ver el rendimiento, por el momento se ve bastante bien”.

Las piñas que menciona el productor son parte de un cambio mayor
Daykel Gutiérrez Delgado, director adjunto de la empresa, enmarca estos brotes en una estrategia que se defiende de la crisis con alianzas y diversificación.
“A raíz de la situación económica y el bloqueo, nos vimos en la necesidad de implementar nuevas acciones, poniendo en marcha las 176 medidas del país. Estamos haciendo administraciones conjuntas con nuevos actores económicos, vinculando usufructuarios con financiamiento para que la empresa no decaiga y para sostener los programas de incremento de frutales”.
La alianza ya retoña en variedades que amplían el mapa productivo de Ceballos. “Hemos incorporado cultivos nuevos. La piña, que antes se sembraba solo en la parte sur, hoy la traemos al norte. También trabajamos con plantas oleaginosas y queremos impulsar el frijol mungo, que aporta proteína para pienso animal y para el consumo social”, enumera Gutiérrez Delgado.
Y se detiene en el dato que multiplica la esperanza: “Cada planta de piña da cuatro o cinco hijos. Una hectárea lleva entre 27 000 y 36 000 plantas. Imaginen lo que podemos crecer. La variedad que predomina es la perola, pero ya incentivamos la MD2 —la mejor variedad que existe— y la española también. Seguimos preparando tierra, no nos hemos quedado atrás con las siembras”.
Mientras Ciego de Ávila espera el 26 de Julio, en Ceballos, la fiesta de la rebeldía se celebra todos los días desde bien temprano, cada madrugada antes del cantío de un gallo, con las manos en la tierra, sin químicos innecesarios y convencidos de que la soberanía alimentaria, también se conquista a golpe de alianzas inteligentes y la terca voluntad de no rendirse.
Tomado de Invasor