•  La obra es una de las 16 que festeja los 40 años de creado Codema en Ciego de Ávila.
En el marco de la muestra colectiva que actualmente ocupa la galería Raúl Martínez en Ciego de Ávila, se respira un aire de celebración y memoria. La exposición, curada para conmemorar el 40 aniversario de Codema (Consejo para el Desarrollo de la Escultura Monumentaria y Ambiental), reúne piezas que transitan por diversas estéticas y materialidades. Sin embargo, en medio de este diálogo polifónico de formas, destaca una pieza que reclama la atención con una verticalidad silenciosa, pero contundente: Vigía, la más reciente entrega del binomio creativo conformado por Dairén Morejón Baños y Félix Zayas Sarabia.
Cuando nos seduce desde su forma, Vigía se inscribe en la tradición del ensamblaje escultórico, utilizando el metal ferroso y la recuperación de elementos industriales como materia prima fundamental. La obra se erige sobre una base sólida, anclada visualmente por un engranaje vertical y una rueda dentada mayor, que otorgan al conjunto estabilidad necesaria para soportar su puesta en escena.
La composición es estricta, casi arquitectónica. Morejón y Sarabia manipulan el «readymade» industrial —poleas, bielas, fragmentos de maquinaria y anillos de acero— no para ocultar su origen, sino para sublimarlo. La decisión de unificar la pieza bajo una pátina oscura (probablemente un tratamiento de oxidación controlada o pintura negro mate) es un acierto compositivo: elimina el ruido visual del óxido heterogéneo y obliga al espectador a concentrarse en la silueta, en el juego de llenos y vacíos, y en la rítmica de las formas circulares que ascienden como vértebras de una columna mecánica.
La obra hace honor a su título. Vigía no es solo una acumulación de hierro; es una entidad antropomorfa reducida a su esencia mínima. La parte superior de la escultura, coronada por un anillo circular que enmarca el espacio vacío, sugiere inevitablemente la presencia de un ojo: el cíclope de la era industrial.
Hay una tensión poética fascinante en la pieza: Primero, está construida con partes diseñadas para el movimiento (engranajes, rodamientos), pero están soldadas, congeladas en el tiempo. Esto sugiere un «vigía» que permanece estoico, un testigo inmutable del paso del tiempo.
Segudo. La presencia tootal del pasado y el presente. Al utilizar desechos industriales, el dúo avileño comenta sobre la obsolescencia. ¿Qué vigila este ser de hierro? Quizás vigila la historia de la propia industria, o se mantiene alerta ante un futuro incierto. Es un tótem de la modernidad arqueológica.
Desde su conjunto, la belleza aquí adquiere una dimensión que va más allá de la estética mundial. Porque lo feo, lo desechado, asume la cara de una idea, de un concepto amoroso, de una anticipación amistosa y humanista. Más allá del metal y la chatarra, el espíritu humano renace en el equilibrio. Lo cándido, lo verdaderamente humano, es lo rechazado, lo perdido supuestamente.
Hay muchas formas de ver la vida, y en esta escultura de casi un metro de alto. Estos artistas consiguen persuadir desde el lado más humano de lo ferroso, de lo industrial, de lo que echamos, o tratamos de echar, al olvido.
En el contexto del 40 aniversario de Codema, esta obra de Morejón y Sarabia valida la pertinencia de la escultura en metal en el panorama avileño. Demuestra un dominio técnico de la soldadura y el equilibrio, pero sobre todo, una capacidad conceptual para transformar lo frío y pesado en una figura de guardia, ligera y vigilante.

Por Vasily MP

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