Contaba mi tío Rodolfo que las arenas de Playa Pilar eran tan finas como el polvo, tanto que resultaba imposible retenerlas entre un puño cerrado; y las aguas, excesivamente claras, dejaban al descubierto los fondos marinos.

A veces la familia lo miraba con incredulidad, guiada por la lógica de quienes solo conocían balnearios con arenas negras y tonalidades oscuras.

Hace muchos años de eso, tantos que Playa Pilar era una zona virgen, adonde solo se llegaba por la vía marítima y por razones laborales, fundamentalmente. En ese tiempo lejano, mi tío asistía con frecuencia e, impresionado, el guajiro de pocas palabras, pero de muchas historias, no dejaba de narrar sus vivencias.

Obviamente, no podía describir el sitio con la magistralidad que lo hiciera el célebre escritor Ernest Hemingway, quien en el periodo de la Segunda Guerra Mundial recorrió el lugar en busca de submarinos alemanes y en actividades de pesca.

Hemingway tuvo especial fascinación por los cayos del norte de Cuba y, en particular, por Cayo Guillermo; esa fue la razón por la cual concedió a la playa el nombre del yate que le permitió explorar las aguas del Caribe y le sirvió de musa para desarrollar parte de su obra literaria.

En su novela Islas en el Golfo, publicada en 1970, describió la belleza de esos parajes, a través de la mirada de Thomas Hudson, su alter ego. Es posible encontrar evocaciones directas a ese islote y su Playa Pilar:

“Es maravilloso despertar por las mañanas y navegar con el sol detrás, avanzar por el canal (Viejo de Las Bahamas) con el ojo alerta y dirigirse a la línea de cayos verdes. Parecían oscuros setos surgiendo del agua y luego, al acercarse, comenzaban a adquirir forma y verdor y, finalmente, playas arenosas. “…del lado de adentro está Cayo Guillermo: Ved qué verde y prometedor es.”

Antes, solo tuve las referencias de mi tío, luego, me llegaron las de Hemingway, pero nada suple las impresiones personales, que no cesan ni son menores en cada encuentro con ese balneario, actualmente destinado a actividades turísticas que proporcionan deleite a viajeros de diferentes latitudes, motivados por otros que los han antecedido o por la concesión de premios internacionales que avalan la calidad de un ambiente natural de excelencia.

Playa Pilar se revela como paraíso caribeño donde la naturaleza despliega su máxima expresión de belleza y serenidad, con la calidad inigualable y transparencia hipnotizante de sus aguas, con una paleta cromática que semeja una obra maestra en la que predominan intensos tonos turquesa y azules claros que varían según la incidencia de los rayos solares y la profundidad del mar.

Donde el agua es menos profunda, pareciera que se mira el fondo marino a través de un vidrio. Afloran corales y multitud de peces que interactúan en un ecosistema vivo, ideal para el snorkel y el buceo. En zonas hondas, el azul se vuelve intenso y vibrante.

Playa Pilar ofrece al visitante la posibilidad de disfrutar de un entorno y clima agradables, deportes náuticos y paseos en catamaranes que permiten apreciar la perfección y los encantos de una barrera coralina extendida a escasos metros de la playa, además de crear facilidades para el acceso a Cayo Media Luna, el islote que se ubica justo enfrente.

Relajante es, también, el tránsito por el litoral, mientras los pies se hunden en la arena mojada, dejando huellas que pronto reclaman las olas del mar, con la insistencia de quien intenta mantener la perfección de aquel relieve.

Y cuando el calor sofoca, un ranchón de la Sucursal Extrahotelera Palmares invita a las más refrescantes bebidas y la degustación de frutas tropicales, aunque siempre hay quienes prefieren acentuar los efectos de las altas temperaturas con un trago de los mejores rones cubanos e internacionales.

Para todos los gustos hay en ese establecimiento gastronómico, con un equipo presto a satisfacer las exigencias de los clientes y regalar la mejor de las sonrisas como ingrediente adicional y distintivo del servicio.

De manera que Playa Pilar no es solo el encanto de su ambiente natural, sino el trato cortés y esmerado del personal que cada día se empeña en mantener ese sitio en la preferencia, mientras ofrecen lo más auténtico de Cuba, que sigue siendo única y se confirma desde uno de los parajes más atractivos del Archipiélago Jardines del Rey.

Tomado del sitio Sol de Cuba del Ministerio del Turismo

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