El central Violeta, hoy Primero de Enero, realizó su primera zafra en estos predios en 1919. Desde entonces, se consolidó como uno de los más importantes ingenios de capital nacional, con una capacidad de molienda ascendente a 675 000 arrobas de caña diaria, lo que lo convertía en el noveno más grande de Cuba.
Su eficiencia industrial era notable, y se destacó además como un gran generador de empleo durante la zafra, al dar trabajo a 7 115 cubanos. Contaba también con la quinta destilería más importante del país y administraba 1 693 caballerías de tierras propias.
Con la llegada del central se fundó el poblado que hoy, con más de un siglo de historia, conserva una arraigada tradición azucarera. Esta herencia otorga a sus habitantes un profundo sentido de pertenencia y la añoranza por sentir el olor a melado extraído de la caña fresca, o por percibir el humo que brotaba de su chimenea.
El paso de los años y las limitaciones que gradualmente ha enfrentado el país se han convertido en obstáculos para mantener el esplendor de aquella larga trayectoria. Hoy su producción es limitada, aunque hasta 2017 se mantuvo entre los primeros centrales de Cuba en cumplir su plan.
En la actualidad, sus trabajadores se encuentran inmersos en un proceso de reparaciones previo a la arrancada. A pesar de los inconvenientes, mantienen el mismo espíritu de sacrificio y combatividad que los ha caracterizado siempre, conscientes del aporte que pueden brindar al país si logran poner en marcha el ingenio.
Anhelan escuchar otra vez el pitido —aunque algo desgastado por el duro bregar— que anuncie el cambio de turno y dé continuidad a la tarea de ver crecer en el almacén las montañas del dulce grano. Saben que están cerca de convertir en realidad su sueño.