El cine Acapulco de la capital cubana fue testigo este fin de semana, a partir de las cinco de la tarde, de dos obras audiovisuales de la periodista y miembro de la Asociación Hermanos Saíz, Arletty White Morales. El convite cinematográfico está diseñado para todo el mes de enero bajo el nombre de Muestra y concurso de cine nacional.

Arletty presentó el documental Mundo olvidados, de 13 minutos de duración que versa sobre la compleja situación en la que viven antiguos trabajadores ferroviarios del municipio de Morón, después de fabricar sus casas en casillas de trenes abandonadas en los ramales de El Way, a la entrada de la ciudad del gallo. La artista le confesó a Invasor, “estaba un día en un cine allá en La Habana, supe de la convocatoria y mandé los materiales que tenía a mano. Pude haber enviado otras obras, pero a estas les tengo especial cariño”.

Con una puesta en escena muy bien equilibrada entre la forma y el contenido, Olvidados nos transmite ese mundo de esperanza y angustia en la que aún sobreviven estos extrabajadores de locomotoras y guardavías, “Les debo una segunda parte”, confiesa esta inquieta cineasta, porque sabe que con el documental había levantado la mirada de más de un funcionario que debió buscar solución al problema.

El segundo material, Paulilla, fue el trabajo de ficción con el que Arletty se graduó, en el Instituto Superior de Arte de Camagüey. Con un guión coherente y muy bien estructurado, una puesta en escena rica en matices dramáticos y una fotografía excepcional, el drama nos cuenta la convivencia de una familia que ha vivido un trauma que ha dejado huellas imborrables.

• BASES 1era. MUESTRA Y CONCURSO DEL CINE NACIONAL

White Morales es una joven realizadora premiada en diferentes festivales tanto nacionales como internacionales y cuya obra audiovisual se mueve con valentía entre la denuncia social, y los avatares humanos.

En esta primera muestra y concurso, más de un centenar de obras de artistas independientes de todo el país estarán recorriendo las salas de los cines Yara, Charles Chaplin y Acapulco, para beneplácito de público y realizadores que aspiran, también, algún que otro lauro; aunque Arletty cree que su obra no logrará ese fin, pero, “Siempre una proyección en una sala grande me alegra. Yo creo que es lo más importante para cualquier realizador, que su obra se vea”.

Tomado de Invasor 

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