Con la serenidad de quien convierte la constancia en hábito, y el mérito en consecuencia natural del esfuerzo, Lilian María Ramos Conde, estudiante de Derecho de la Universidad de Ciego de Ávila Máximo Gómez Báez (Unica), inscribió su nombre entre los jóvenes más destacados de la región centroamericana y caribeña.
El Premio Regional a la Excelencia Académica Rubén Darío 2025, en su XX edición, no solo reconoció un expediente impecable, también una trayectoria integral que articula ciencia, compromiso social y vocación humanista.
Aunque la ceremonia tuvo lugar en Honduras y su participación fue de manera virtual, la emoción, asegura, atravesó la pantalla. La noticia llegó primero de manos cercanas. El vicedecano docente de su facultad y varios profesores le anunciaron que había sido seleccionada.
Días después, la confirmación oficial desde la Universidad Autónoma de Honduras terminó de darle forma a una realidad que hasta entonces parecía lejana. “Recibir un premio como este no es algo que se ve todos los días, por lo general no pensamos que nos suceda”, confiesa, con la modestia de quien reconoce la magnitud del logro sin perder el asombro.
Desde casa, Lilian siguió cada instante de la ceremonia transmitida en vivo. La conexión era lenta, pero la emoción, intensa. Grabó el acto completo y, cuando escuchó su nombre junto al de su universidad, los aplausos y los gritos se apoderaron de su hogar.
“Aunque virtual, fue un momento único”, recuerda, consciente de que la distancia física no disminuyó el valor simbólico del reconocimiento
El impacto del premio se hizo sentir de inmediato en la dinámica universitaria. Felicitaciones, publicaciones institucionales y hasta el apelativo cariñoso “excelentísima” comenzaron a acompañarla en los pasillos.
Uno de los momentos más significativos ocurrió durante un acto especial en la facultad, cuando el Consejo de Dirección y la Federación Estudiantil Universitaria entregaron un diploma y un ramo de rosas. Más que un gesto protocolar fue la confirmación de que su éxito también es colectivo.
Detrás de este galardón hay un registro de actividad académica amplio y diverso: participación constante en eventos científicos a nivel universitario, provincial, nacional e internacional; ponencias investigativas, artículos y ensayos premiados; una beca internacional recientemente culminada; redes de investigación; modelos de Naciones Unidas; exámenes de premio y un índice académico sobresaliente. Todo ello confluyó para hacer posible el reconocimiento.
Con él llega también una responsabilidad mayor. Lilian lo asume con naturalidad: “Una vez que cumples algún logro, surge la necesidad de seguir superándote y crecer”. Al mismo tiempo, reconoce que este antecedente fortalece su currículo y abre nuevas oportunidades, pero, sobre todo, proyecta su futuro profesional con mayor claridad.
Su filosofía personal se aleja del afán de validación externa. Estudia y participa porque le apasiona hacerlo. “Si sientes que puedes hacerlo mejor, hazlo, aunque el resto se conforme con menos”, afirma.
No se considera una experta en la gestión del tiempo. Confiesa madrugadas en vela y celebraciones compartidas con investigaciones pendientes, pero encuentra en el gusto por lo que hace la energía para sostener su ritmo.
El premio también la condujo a profundizar en la vida y obra de Rubén Darío. Para ella, que el reconocimiento lleve su nombre es motivo de orgullo y un símbolo de integración regional, una idea que dialoga con su formación jurídica y su convicción de que el Derecho debe servir para garantizar vidas dignas y plenas, sin distinción de procedencias.
Mirando al futuro, Lilian sabe que este lauro es una carta de presentación decisiva. En un contexto donde los logros internacionales aún resultan excepcionales para estudiantes tan jóvenes, el premio refuerza su posición dentro de la carrera.
En unos meses podrá elegir el centro donde realizará su servicio social y proyectar con mayor seguridad el ejercicio profesional. Su meta es clara: ejercer la abogacía y hacerlo con la misma entrega que ha marcado su etapa estudiantil.
Al hablar de motivaciones, el tono se vuelve íntimo. Su madre, profesora de humanidades, aparece como la principal influencia, tanto en la palabra como en la perseverancia. A ello suma su fe y el apoyo constante de su novio, capaz de comprender ausencias y aplazamientos en nombre del estudio.
También destaca el papel de su facultad, a la que reconoce como un espacio donde los procesos funcionan correctamente y el mérito se celebra desde el primer día de clases.
La trayectoria de Lilian no se explica en soledad. En ella confluyen personas, instituciones y una cultura académica que apuesta por la excelencia. No es casual que mencione con respeto a Kevin Marcos Delgado Álvarez, único galardonado anterior de la Unica y hoy su profesor de Derecho Económico, ejemplo del potencial que emana de ese departamento universitario.
El Premio Regional a la Excelencia Académica Rubén Darío, creado para distinguir a estudiantes sobresalientes de las 25 universidades de Centroamérica y República Dominicana adscritas al Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA), vuelve así a colocar a la Unica en el mapa regional del mérito académico.
En el nombre de Lilian Ramos Conde se sintetiza una verdad sencilla y poderosa. La excelencia no es un acto aislado, sino un proceso sostenido donde talento, disciplina y vocación siempre se encuentran.
Tomado de Invasor