Nunca será suficiente hablar de nuestras mujeres. De la que canta, de la que trabaja, de la que ama, de la que resiste. Invasor, desde sus líneas, refleja una presencia cotidiana que no necesita discursos para revelarse. Está en la esquina, en la casa, en la escuela, en el hospital, en el campo. Ellas están donde la vida ocurre.
Desde la admiración profunda, o desde la épica íntima de lo diario, las mujeres son ternura, sacrificio, y una mezcla poderosa de sensibilidad con firmeza.
Es quien sostiene, crea, educa, pelea, e incluso, vuelve a empezar, como si cada comienzo fuera una victoria conquistada a pulso.
En Cuba esa huella tiene acento propio. Se reconoce en la madre que organiza la mañana antes de que el sol asome, en la científica que busca respuestas en un laboratorio, en la obrera que sostiene una industria, en la maestra que deja una marca imborrable en la memoria de sus alumnos. La historia nacional también está escrita con esas manos que sostienen la vida del país.
Este fotorreportaje intenta acercarse a esa presencia, en el Día Internacional de la Mujer. No a una idealizada, a la real: la que ríe, la que lucha, la que cuida, la que decide.
Cada rostro tiene un fragmento de la misma historia: la de una isla donde ser mujer también significa abrir caminos, incluso cuando nadie antes los había andado.
Tomado de Invasor








