- Más de un lustro de sequía disminuyen niveles de embalses avileños y fuentes de abasto a la población
Un fenómeno con categoría de sequía extrema azota desde hace más de un lustro a la central provincia de Ciego de Ávila, sin que el territorio haya logrado la total recuperación de los niveles de las aguas subterráneas, de las cuales depende el desarrollo económico y social.
Según confirmó el Máster en Gestión de los Recursos Hídricos, Oscar Osvaldo Monteagudo Brito, director técnico de la Empresa de Aprovechamiento Hidráulico de Ciego de Ávila (EAHCA), la situación es particularmente grave en la fuente de Ruspoli, donde de sus cuatro pozos solo uno bombea y no a la máxima potencia, limitación que ha obligado ha obligado a trasvasar agua desde la cuenca Sur hacia la capital provincial para garantizar el abastecimiento a la población.
Monteagudo Brito detalló que los sectores hidrogeológicos más desfavorables son el de la zona de Peonía, el número cinco —que abarca los municipios de Morón, Ciro Redondo y parte de la ciudad de Ciego de Ávila—, y el del poblado de Pedro Ballester. En situación desfavorable, aunque menos crítica, se mantienen los sectores de Jagüeyal y Vicente. Por el contrario, resultan favorables los de Falla, Ranchuelo, Bolivia, Majagua, Venezuela y Baraguá.
En cuanto a los embalses, el panorama tampoco es alentador: el sistema hidráulico Liberación de Florencia —que incluye las presas Cañada Blanca y Chambas Dos— fue el único que mostró un comportamiento favorable, por encima del 90 por ciento de llenado, gracias a las lluvias registradas en octubre y noviembre pasados. Sin embargo, el resto de los embalses de la provincia apenas alcanzan el 46 por ciento de su capacidad.
Ante el crítico escenario, el colectivo de la EAHCA, reconocido como Vanguardia Nacional, materializa un conjunto de acciones en el contexto de los proyectos Euroclima Plus y Mi Costa, con el propósito de mitigar los efectos de la sequía.
Entre las medidas adoptadas, se han instalado 13 equipos en estaciones pluviométricas que brindan información en tiempo real sobre las lluvias en la cuenca Norte, fundamentalmente en zonas de desarrollo agrícola y en el sector que abastece de agua al 60 por ciento de la población provincial.
Dichos instrumentos también fueron ubicados en áreas de las Empresas Agropecuarias La Cuba, Arnaldo Ramírez y la Agroindustrial Bolivia.
En la cuenca Sur, el proyecto Mi Costa ha permitido montar registradores de lluvias y del nivel de los pozos, así como estaciones automáticas en el río Majagua y el canal magistral Zaza-Ciego de Ávila.
Además, se han colocado evaporímetros en los embalses de mayor consumo, en lugares estratégicos, para calcular la evaporización y desarrollar un gráfico de control del balance de agua con datos más fiables.
Explicó el directivo que las presas fueron construidas entre 1988 y 1989 y el clima ha cambiado sustancialmente, por lo que resulta imprescindible la gestión del conocimiento, la aplicación de la ciencia, la técnica y la innovación, así como la continuidad de los objetivos de dichos proyectos.
«La provincia está en una situación crítica con el agua», sentenció Monteagudo Brito, quien en un llamado de urgencia afirmó que lo que más necesita Ciego de Ávila no es un ciclón —por sus devastadores efectos—, sino un evento que genere un fuerte escurrimiento hacia el manto acuífero. Mientras esa lluvia milagrosa no llega, el directivo insiste en que la prioridad inmediata es el control riguroso de toda el agua disponible: la subterránea, la de embalses y la de ríos y arroyos, misión que recae sobre los hombros de la EAHCA.
Más de cinco años de sequía extrema y el panorama sigue siendo desalentador. No obstante, la respuesta avileña no se ha hecho esperar: el conocimiento científico, la alianza con programas internacionales y la entrega de los trabajadores del agua se erigen como las únicas trincheras posibles contra una crisis que compromete la vida misma de la provincia a corto y largo plazo.
Tomado de Granma