- Fundador de Invasor, decano de generaciones de periodistas y guardián de la memoria azucarera de la provincia, Héctor Paz Alomar deja un legado que se resiste al olvido
Como el Reloj Avileño, ese coloso azucarero de Majagua que marcaba el tiempo y el ritmo de la zafra cuando la industria azucarera era el corazón productivo de Cuba, así era Héctor Paz Alomar: un coloso del periódico Invasor, fundador de este seminario, alguien muy especial que formó generaciones enteras de periodistas.
Tuve el privilegio de que fuera parte de mi tribunal cuando opté por la carrera de Periodismo, allá por el año 1989. Luego fuimos colegas, tanto en la radio como en el periódico. Héctor Paz Alomar es de esos decanos que han formado generaciones de periodistas, cuya impronta y cuyo amor por el periodismo económico son ejemplo para todos los que ejercemos esta noble profesión, que es también sacerdocio de la verdad.
En tiempos donde la mentira se organiza y la verdad anda dispersa, donde los escenarios digitales hacen eco de cualquier criterio, de cualquier rumor, de cualquier disparate, y todavía hay quien no filtra, no discierne y se lo cree todo, Héctor Paz Alomar fue siempre un faro entre tanta confusión. Lo fue, lo es y lo será.
Su ejemplo perdurará en todos los periodistas que se respeten a sí mismos y respeten esta profesión, que sepan que detrás de la verdad existe siempre una tradición deontológica, unos valores que trascienden en un mundo cada vez más confuso, cada vez más dividido. Hombres como Héctor Paz serán siempre un faro de luz, un verdadero coloso, tan parte de la identidad de nuestro pueblo como lo fue la zafra azucarera cubana.
Acucioso, convicto y confeso amante de la historia local, y en especial de su patrimonio azucarero, deja como heredad sus escritos, apología sincera de una de las etapas más gloriosas de la historia política y social avileña.
Hoy, mientras sus cenizas se depositan en el cementerio de la ciudad, Ciego de Ávila despide a uno de sus colosos. El Reloj Avileño sigue marcando el tiempo en la memoria colectiva. El de Héctor Paz Alomar, el del periodismo hecho sacerdocio, ya es historia y legado.
Tomado de Invasor