• A propósito del segundo concurso La ciudad de los portales y la presentación del libro digital y homónimo

Hay concursos que premian talento y concursos que, además, hacen un trabajo silencioso de conservación. «La Ciudad de los Portales», segunda convocatoria del grupo literario El Rincón de los Cronopios, pertenece a esta segunda categoría con una nitidez poco común.

Al pedirle a sus participantes que escribieran sobre los portales de Ciego de Ávila, el grupo no propuso solo un ejercicio de estilo: dejó una fotografía escrita de cómo una generación entera —de la estudiante de doce grado al jubilado de la industria petrolera— mira hoy su ciudad. Eso, en un país donde tanto patrimonio se pierde por descuido antes que por catástrofe, tiene un valor que va más allá de lo literario.

El libro lo demuestra desde su primera página, cuando la «Canción a Ciego» de Luis Ramos Zamora recorre la trocha, el parque Martí, la Turbina, el Boulevard y la Colonia como quien levanta un inventario cariñoso del terruño.

Ese gesto se repite, con matices, en casi todos los textos: los portales no aparecen ahí porque el tema los obligara, sino porque son, de verdad, el paisaje bajo el cual esos autores caminan todos los días. Larisa Diakova lo resuelve con más pericia que nadie en «Un día de mala suerte», donde el portal deja de ser símbolo y se convierte en lo que es para cualquier avileño: el sitio donde uno se sienta a llorar cuando la lluvia y la mala suerte se juntan y ya no hay casa a la cual volver. Ese realismo sin adorno es, también, una forma de arqueología afectiva.

La convocatoria tuvo, además, el acierto de mirar hacia los más jóvenes sin renunciar a la presencia de los escritores ya formados del grupo, y ese cruce generacional es quizás su aporte más importante a la conservación del oficio literario en la provincia. Que Roxana Dales Ávila, nacida en 2006, comparta libro con Víctor Manuel Ramos, nacido en 1948, no es un detalle protocolar: es la prueba de que el relevo generacional en la narrativa avileña existe, tiene rostro y tiene nombre, y de que un grupo literario puede funcionar como escuela sin necesidad de aula ni programa.

En ese sentido, Luis Pacheco Granados, escritor y amigo, líder de los Cronopios, ha sabido ser un verdadero motivador de voluntades; un impulsador de saltos literarios para aquellos que siguen o, al menos escuchan, sus consejos.

Su tenacidad literaria le ha dado más por ayudar que escribir su propia obra. Pero a bien se tiene su actitud, cuando los logros se multiplican por su propia tenacidad y compromiso con la docencia.

Defender la literatura en un contexto como el cubano actual —con la industria editorial casi minimizada y la circulación de libros dependiendo cada vez más de la voluntad de sellos independientes y la distribución gratuita por internet— exige gestos como el de Laia Editora Argentina al sostener esta colección y regalar su descarga.

El libro llega a cualquier lector con solo un enlace, sin coste, sin intermediarios, y esa decisión editorial es en sí misma una declaración de principios: la literatura de un pueblo pequeño del centro de Cuba merece circular por el mundo con la misma dignidad que cualquier otra.

El homenaje inicial a Luis Enrique Ramos Zamora cumple una función parecida a la de un acta de fundación: recuerda que detrás de cada concurso hay una genealogía, gente que escribió antes, que compuso canciones premiadas y que sostuvo el oficio cuando pocos lo hacían.

Rendirle tributo al abrir el libro no es formalismo, es memoria activa: ningún territorio conserva su cultura si no se ocupa de nombrar a quienes la sembraron primero.

Puede discutirse, y con razón, la desigualdad de oficio entre unos textos y otros, o la solidez de tal o cual desenlace. Pero medir «La Ciudad de los Portales» solo por ese rasero sería perder de vista lo esencial: este es un libro que existe porque un grupo de personas decidió, contra la corriente y sin más recurso que la voluntad, que su ciudad merecía ser escrita.

Esa defensa a ultranza de la palabra, hecha desde un municipio del interior y no desde una capital literaria, es en sí misma la noticia más importante que deja este volumen.

Por Vasily MP

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