¿Cómo garantizar la educación cuando los apagones se prolongan por horas y el agua escasea en las comunidades? Las posibles respuestas habitan en centros como la Secundaria Básica Urbana Pablo Elvio Pérez Cabrera, que inicia el curso con un plan de contingencia que convierte la flexibilidad docente en su principal asignatura.
Con una matrícula de 638 estudiantes, la institución, arranca el curso escolar 2026-2027 con la premisa clara de que, en medio del contexto actual, ni un solo alumno pierda el paso.
En diálogo con Invasor, su directora, Sadira Bárbara Herrera Rodríguez, desgrana el mapa de una escuela que, contra la corriente, se reinventa para mantener viva la llama del aprendizaje.
El primer día de clases, más que un regreso a las aulas, es un engranaje cuidadosamente diseñado para sortear las dificultades que atraviesa el país. “Este curso impone nuevos retos y nuevos desafíos”, afirmó Herrera Rodríguez, y la escuela los ha asumido con una organización que prioriza la presencialidad y la atención personalizada.
La escuela, que cuenta con solo ocho aulas, ha distribuido sus 16 grupos en dos sesiones para garantizar el espacio. En la mañana, asisten los cuatro grupos de noveno grado y cuatro de séptimo; en la tarde, los cinco de octavo y los tres restantes de séptimo. Un rompecabezas logístico que, según la directora, se resuelve atendiendo a las variantes dictadas por el Ministerio de Educación ante la realidad energética que presenta el país.
Pese a las previsiones, el primer día de clases alcanzó un 98 por ciento de asistencia, un indicador de que la maquinaria escolar, cuando se articula bien, funciona.
Detrás de las pizarras y los pupitres, la verdadera batalla se libra en las comunidades. La directora es clara al referirse a la flexibilidad del claustro docente como clave.
Ante la falta de fluido eléctrico o el abastecimiento de agua, la escuela no mira hacia otro lado. Se han establecido canales de comunicación directos vía WhatsApp y teléfonos particulares, incluyendo el de la directora y las coordinadoras, para que los padres puedan justificar la inasistencia o comunicar una situación puntual en un plazo de 72 horas.
“Cuando haya muchas horas sin corriente en alguna comunidad o consejo popular, los canales de comunicación están abiertos”, explicó Herrera Rodríguez.
Lo anterior, además de justificar la ausencia, es para no dejar a nadie atrás. Destinado a los estudiantes que viven en comunidades alejadas con dificultades de transporte, se han establecido acuerdos con los padres para determinar los días de la semana en que pueden ser trasladados, garantizando que, aunque no asistan a diario, reciban una atención diferenciada y no pierdan el hilo de los contenidos.
En medio de las carencias, la escuela ha logrado una victoria significativa: la recuperación de espacios físicos. Cuenta con todos sus laboratorios (Biología, Química, Física e Informática) operativos, y ha estrenado un aula especializada de Educación Laboral.

La directora ve en este logro un paso fundamental para la formación integral de los estudiantes
El claustro, además, está completo. Solo existen dos necesidades en la asignatura de Matemáticas, que han sido cubiertas con la sobrecarga horaria que permite la resolución ministerial. El consejo de dirección, según Herrera Rodríguez, es nuevo en el centro, pero con probada experiencia metodológica y científica.
La merienda escolar, tanto para los estudiantes vulnerables como para los maestros, está garantizada. En cuanto al material de estudio, noveno grado recibió los nuevos libros del tercer grupo de perfeccionamiento, mientras que séptimo y octavo trabajan con los de cursos anteriores, pero con la certeza de que la bibliografía está completa.
Sobre las libretas, la directora explicó que se ha hecho un estudio de frecuencias para asignarlas de manera racional: cinco en séptimo, cinco en octavo y seis en noveno, priorizando asignaturas como Matemáticas, Español e Historia, mientras que en otras como Educación Artística se fomenta la oralidad y el trabajo compartido.
Para Sadira Herrera, la nueva directora del centro, el verdadero desafío va más allá de la logística. “Queremos lograr una escuela amena y cautivadora. Que el estudiante y el maestro dejen los problemas fuera, ese es el desafío más grande”, confesó.
Con la mirada puesta en el futuro, la escuela ya planea sus actividades complementarias y la formación vocacional, mientras espera las elecciones pioneriles de octubre para completar su colectivo.