Asistir a un trabajo productivo puede desembocar en un resultado frustrante, si se aspira a “tocar con las manos” cambios reales y para bien.

En la mañana de este lunes, el primero del noveno mes del año, respondimos en el periódico Invasor a un llamado. Lo había hecho, desde el día anterior, el Gobierno Provincial del Poder Popular en Ciego de Ávila.

“Se convoca a todos los organismos y entidades a apoyar con recursos humanos, medios y útiles manuales a las jornadas de higienización de la ciudad. Se priorizarán las áreas donde se encuentran enclavadas sus respectivas instituciones, así como aquellas que tienen asignadas por el cambio de labor”, rezaba el texto.

Al menos en la cuadra donde actuamos, el panorama cambió. No es que asumiéramos una jornada extenuante y prolongada. Minutos más, minutos menos, solo en el transcurso de una hora recogimos suciedades y arrancamos malas hierbas en calle Libertad, desde la esquina de Maceo y hasta José María Agramonte, es decir, en la sede y el entorno donde radica este medio de comunicación.

Como somos un colectivo laboral pequeño tampoco se trató de una respuesta colosal. Todo lo contrario, asistimos 15. Pero el resultado pudieron apreciarlo quienes, casi siempre sumidos en el ostracismo, la indiferencia, o las urgencias del día a día, pasaron de largo.

En el empeño de registrar lo que en otras partes de la capital provincial acontecía, mediante la activa participación de “todos los organismos y entidades”, una colega intentó graficar con imágenes. Al menos en un primer recorrido, no encontró evidencias de la “jornada” en los escenarios previstos.

Quien suscribe estas líneas ha sido testigo, en innumerables ocasiones, de los saldos de otras convocatorias iguales o similares a esta en las cuales pesan, y duelen, las imágenes que pudieran ser otras: resultado nimio del trabajo productivo o voluntario.

Que no me tachen de orador de barricada cuando afirmo que el trabajo útil transforma; hace la vida más soportable y hasta llevadera, incluso, en medio de una crisis como la actual. El que lo asume siente que presta un servicio, socialmente, beneficioso.

Eso es verdad de Perogrullo, como, también, debiera serlo que quien convoca debe chequear y exigir. Para que el llamado no caiga en saco roto, o estimule respuestas nulas de aquellos que, en minoría, respondieron esta vez.

Un país como el nuestro, en el cual es visible la arritmia de la vida económica y social, donde tantísimas individuales avanzan casi por instinto de sobrevivencia, necesita de la actuación de la mayoría.

El consejo de un internauta lo definía con puntos y comas: “Hay que involucrar a todos, aplicar experiencias de antes y sobre todo no rendirse”.

A la luz de este saldo insignificante, si lo apreciamos como una convocatoria general, pudiéramos hacernos múltiples preguntas:

¿Se verificó o puntualizó con cada cual si al menos conoce el área asignada (o las áreas), cuando se determina un cambio de la labor de todos los días?

¿Habrá un balance crítico, con presencia de los incumplidores, de esta convocatoria?

¿Se trata esta respuesta de otra evidencia de la incultura de la comunicación social que nos corroe?

De vuelta al contenido de la convocatoria, en él se precisa que los coordinadores de Programa y Objetivos del Gobierno Provincial que atienden las entidades darán seguimiento a la participación de los trabajadores, la disponibilidad de medios y útiles manuales y el cumplimiento de las acciones previstas.

El texto añade que, para las jornadas de higienización —por fortuna deben asumirse otras—, se cuenta de antemano “con la responsabilidad, compromiso y disposición de todos para contribuir a mantener una ciudad más limpia, organizada y saludable”.

Al menos a mí, me queda la esperanza de que, esas venideras y necesarias jornadas, sean mejor organizadas y, realmente, controladas. De lo contrario, serán parte de un discurso que no se convierte en hechos, en una promesa de seguimiento que, quizás, se diluye en medio de otras tareas, aparentemente, más importantes que estar al tanto y acompañar de verdad, paso a paso, al pueblo.

Tomado de Invasor

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