Mariela Darzos Zúñiga es de esas mujeres que inspiran por el amor con que asumen cada tarea, por la emoción que demuestra al impartir sus clases, por cada actividad escolar y por los valores cívicos y humanos que inculca a sus educandos.

—Hace varios años comencé como maestra en este centro, pero antes trabajé como asistente educativa en la escuela Tamara Bunke. En aquel entonces era auxiliar pedagógica; también fui veladora. Con el paso del tiempo, tuve un buen impulso: la compañera Yolanda Matías, muy reconocida en el municipio, se acercó un día y me preguntó: «¿No te gustaría superarte?».

Cuando escuché aquello, sentí que ese llamado era para mí. Era convocada a ser maestra. Yolanda me dijo: «Yo te voy a ayudar para que puedas iniciarte en Ciego de Ávila, en la universidad». Y así fue —expresó Mariela, maestra de primer ciclo en la escuela José Martí, del municipio avileño de Primero de Enero.

Con ese carácter afable pero firme que la caracteriza, continuó su testimonio:

—Comencé un curso de nivelación porque era graduada de duodécimo grado; allí culminé mis primeros cuatro años. Después llegó la universalización y me hice licenciada. Al terminar los estudios, no me imaginé que el camino fuera a ser como es hoy en día. Lo digo así porque el recorrido fue angosto debido a las situaciones; tenía una hija pequeña y sabía que debía abrirme camino, ella necesitaba del futuro de su mamá.

Ya graduada, Mariela comenzó a trabajar en la escuela José Martí. En conversación con la compañera Yamila Herrera, su actual directora, se entusiasmó con la idea de «montarse en el tren de los másteres» —acota utilizando el lenguaje popular—. Ante esa propuesta, la maestra de mi historia refirió:

—Yo no me puedo quedar atrás; tengo que ser ejemplo para mi hija y para muchos padres que un día dijeron: «Ella no». Hoy soy Máster en Ciencias de la Educación, gracias a Yamila, porque en ella tuve el apoyo que necesitaba. También tuve unas tutoras excelentes: Mirbelis Castillo y Mirta Trujillo, quienes impulsaron que yo fuera quien soy hoy: esta profesional de la educación.

Al hablar sobre el inicio del nuevo curso escolar, Darzos Zúñiga acotó:

—Al llegar a la escuela, después de las vacaciones, sentí una satisfacción muy grande porque vi cómo mis alumnos venían a saludarme con aquel cariño. Yo siento en ellos el amor y el refugio que, en ocasiones, necesito para continuar. Tengo a mis discípulos desde primero hasta cuarto grado —en el que están hoy—; ellos me impulsan a ser mejor cada día y a elevar mi preparación. Son mi relevo porque les inculco, desde temprana edad, que el maestro juega un rol importante en la sociedad. Me meto en el corazón de cada uno y, además, me veo reflejada en algunos; noto a la niña que hoy es la maestra, esta persona que para muchos es especial —y no es falsa modestia—.

Cuando te inicias, los padres a veces dicen: «¡Wow, ella no!», pero hoy doy gracias porque ya no soy esa educadora que muchos pensaron. Me considero maestra. ¿Por qué me considero así? Porque soy maestra.

 

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