Con la ciudad convertida en escenario, la Jornada Villanueva 2026 colocó al teatro en el centro de la vida cultural avileña. Durante varios días, se pasearon textos, personajes y públicos diversos, en un recorrido que fue del debate a la representación, de la memoria al presente, y de la sala cerrada a pie de calle.
Más allá de lo programado, la Jornada Villanueva reafirmó su importancia como espacio de reflexión, visibilidad y celebración del teatro, una manifestación que ha acompañado la historia cultural de la provincia y que necesita, hoy más que nunca, ser defendida, promovida y compartida.
Eventos como este no solo exhiben obras, también consolidan públicos, estimulan el pensamiento crítico y fortalecen la identidad artística del territorio
Aunque el programa inicial sufrió cambios, el equipo de comunicación asumió el reto con eficacia, manteniéndose activo en redes sociales, informando a diario sobre las actividades y respaldando cada publicación con imágenes de lo acontecido. Esta estrategia permitió que el evento trascendiera el aquí y ahora, y llegara a públicos más amplios.
Ese rol comunicativo contribuye a la memoria del teatro avileño, pues muchas compañías no cuentan con registros gráficos sistemáticos o de calidad sobre su trabajo.
Documentar la escena también es una forma de preservarla, de dejar constancia de procesos, rostros y momentos que, de otro modo, se perderían entre bambalinas .
La jornada comenzó el Día del Teatro Cubano con un conversatorio dedicado a esta manifestación, moderado por Idelfonso Molina en la terraza del Consejo Provincial de Artes Escénicas (CPAE).
Se generó allí un provechoso debate, con intervenciones de creadores avileños comprometidos con el teatro. El espacio propició un diálogo histórico, se rememoraron los sucesos del Teatro Villanueva, y se analizó la situación actual de esta manifestación artística en Ciego de Ávila, entre desafíos y potencialidades.
El Archivo Histórico Provincial se transformó luego en escenario para recibir a la compañía Teatro Primero con “Pues sí que lo digo yo”, bajo la dirección de Oliver de Jesús Hernández. Sus trabajadores disfrutaron de una mañana distinta, marcada por narraciones sugerentes y momentos musicales que rompieron con la rutina habitual del lugar.
La Asociación Hermanos Saíz (AHS) volvió a confirmarse como la casa natural de los jóvenes creadores avileños. Hasta allí confluyeron artistas de varias generaciones para compartir la fiesta del teatro, en un ambiente donde no faltaron monólogos, testimonios y descargas amenas entre los grupos participantes.
Durante toda la jornada, el Consejo Provincial de las Artes Escénicas en Ciego de Ávila, reconoció a actores de los colectivos teatrales por su trabajo sostenido a lo largo del año, un gesto necesario que pone en valor la constancia y la entrega de quienes mantienen viva la escena, muchas veces desde el sacrificio cotidiano.
Los espectáculos para niños ocuparon un lugar destacado en la cartelera, lo cual resulta alentador. Ello recuerda que la provincia cuenta con una prestigiosa tradición en la creación de propuestas para los más pequeños, gracias a compañías que han sido cimeras en este tipo de teatro y que continúan formando nuevos públicos desde edades tempranas.
Con ese espíritu, la Sala Abdala acogió el espectáculo “Soñando en colores”, a cargo de la compañía Teatro Guiñol Polichinela y su Pequeña Compañía. Entre risas, narices rojas y complicidades escénicas, grandes y chicos se dejaron llevar por una propuesta que apostó por la imaginación y la ternura.
La Trapisonda fue el espacio para “El Reino del Revés”, de la compañía Teatro Primero. Aunque la sala se encuentra en reparación, las presentaciones de pequeño formato se realizan en su lobby, donde también sesionan talleres de actuación para jóvenes, demostrando que la creación no se detiene, aun cuando el teatro esté en pausa.
Según explicó su director, Oliver de Jesús, esta sala es un orgullo para la comunidad donde se emplaza, al mantener un vínculo estrecho con la vecindad.
La asistencia de niños a sus actividades resulta fundamental, sobre todo en una zona compleja del centro urbano
El momento más aclamado de toda la jornada fue la presentación de “Náufragos” en el Teatro Principal, a cargo de la compañía Caminos Teatro, dirigida por Juan Germán Jones. El regreso del público a esta sala emblemática añadió una carga simbólica especial a la función, convertida en acontecimiento cultural.
La obra, que lleva a escena la cotidianidad de familias cubanas desde un texto frontal y coherente, reflexiona sobre la honradez, la lucha por un futuro mejor y la necesidad de seguir adelante pese a la nostalgia. Aunque su análisis integral merece unas líneas aparte, quedó claro el impacto emocional que provocó en el público.
Ese entusiasmo revela una realidad: el avileño está ávido de ver teatro en su provincia, más allá de eventos específicos o de la presencia de grupos foráneos. Aún más cuando se trata del Teatro Principal, escenario de grandes acontecimientos que durante años permaneció cerrado por reparaciones, y cuyo reencuentro con la audiencia resultó largamente esperado.
Tal vez por ello, y porque una sola función no bastó para satisfacer la demanda, desde Artes Escénicas ya se programan nuevas presentaciones para el tercer fin de semana de febrero, una noticia que confirma la vitalidad del interés despertado y a la que, sin dudas, hay que seguirle la pista.
De cara a esas próximas funciones, queda la aspiración de que el equipo técnico y la dirección del grupo logren pulir algunas irregularidades en el sonido, evitando entradas y salidas abruptas de la música, y referencias innecesarias del audio, para ofrecerle un mejor desarrollo a la propuesta, que es estremecedora de principio a fin.
La jornada cerró con la siempre atractiva presentación de la compañía D’ Morón Teatro, dirigida por Orlando Concepción, con el espectáculo “Gente de barro”. Como es habitual, los actores-estatua captaron de inmediato la atención de los transeúntes, que se acercaron a fotografiar a esas figuras humanas convertidas en piedra.
El recorrido de esta unidad artística se extendió desde el Teatro Principal hasta el bulevar, en un paseo ralentizado por la propia naturaleza de la propuesta escénica
Aunque el tráfico interfirió en algunos momentos, y quizás hubiese sido oportuno cerrar la calle por unos minutos, la grandeza del teatro callejero radicó, una vez más, en seguir adelante pese a cualquier circunstancia.
En su conjunto, la Jornada Villanueva 2026 demostró que trabajar a pie de escena, con creatividad, alternativas y compromiso, acerca a la provincia al necesario rescate de su brillo cultural. No se trata solo de justificar obvias carencias, sino de buscar soluciones desde la práctica artística y la voluntad colectiva .
Como cierre queda un balance positivo: la Jornada Villanueva dejó la sensación de un teatro vivo, inquieto y necesario, que dialoga con su tiempo y con su gente. Un evento que invita a pensar la cultura como proceso continuo y que, con cada edición, crece, multiplica públicos y levanta, una y otra vez, el telón de la esperanza.
Tomado de Invasor