- Contra Cuba hoy se usan bancos, listas, amenazas, multas, restricciones y campañas mediáticas para demonizar al Estado. Han cambiado las armas; no ha cambiado el propósito. Se pretende rendir por cansancio lo que no se ha podido vencer por la razón, por el derecho ni por la historia
Durante más de seis décadas, el Gobierno de Estados Unidos ha sostenido contra Cuba una política de castigo económico, persecución financiera y presión política, cuyo propósito esencial no ha cambiado: doblegar la voluntad soberana de una nación que decidió construir su propio destino.
La guerra económica, comercial y financiera no es una medida simbólica, no es retórica política, ni una diferencia diplomática ordinaria. Es una arquitectura de asfixia. Persigue operaciones bancarias, encarece suministros, intimida empresas, obstaculiza inversiones, dificulta importaciones y convierte en riesgo cada vínculo legítimo con Cuba. Su objetivo no es solo presionar a un gobierno; es desgastar a un pueblo, es hacerlo disentir de su gobierno, es presentar como fallido el sistema socialista y provocar la implosión interna.
Quienes intentan justificar esa política hablan de sanciones, de condiciones y de presiones selectivas. La vida real dice otra cosa. Cuando se bloquean pagos, cuando se encarecen medicamentos, cuando se impiden tecnologías, cuando se castiga a terceros por comerciar con la Isla, no se afecta una abstracción. Se golpea al hospital, a la escuela, al transporte, a la industria, a la familia cubana, se articula, sí, una velada y estructurada campaña de consecuencias humanitarias impredecibles.
El impacto de esta política sobre el sistema de salud cubano es demoledor, solo comparable con la obra de destrucción hitleriana de los campos de concentración. El bloqueo energético derivado de estas restricciones ha colocado a aproximadamente a cinco millones de pacientes crónicos en condición de vulnerabilidad crítica: los aceleradores lineales para radioterapia operan al 33% de disponibilidad técnica, los equipos de resonancia magnética al 52%, la braquiterapia apenas al 4%, y el 51% de los 651 renglones de la Lista Básica de Medicamentos está ausente. La lista de espera quirúrgica supera los 100 mil pacientes —más de 11 mil pediátricos— y podría alcanzar 150 mil si las restricciones se prolongan durante 2026, mientras más de 32 mil embarazadas enfrentan riesgos adicionales por acceso reducido a ecografías y transporte de emergencia, y los 2 mil 888 pacientes en hemodiálisis están expuestos a complicaciones graves o muerte ante cortes de energía sostenidos.
Esa es la lógica y las consecuencias del asedio. Antes se cercaban fortalezas para cortar el agua, el pan y la esperanza. Vegecio, el tratadista romano que la Europa medieval copió, tradujo y memorizó, lo formuló con una claridad que los siglos no han logrado refutar: «provocar la escasez entre los enemigos es el camino más rápido, eficaz y menos peligroso para derrotarlos». La frase podría haber sido escrita hoy por el Departamento de Estado o del Tesoro de los Estados Unidos.
Hoy se usan bancos, listas, amenazas, multas, restricciones y campañas mediáticas para demonizar a un Estado. Han cambiado las armas; no ha cambiado el propósito. Se pretende rendir por cansancio lo que no se ha podido vencer por la razón, por el derecho ni por la historia.
La política contra Cuba es despiadada porque conoce el daño que provoca y aun así lo multiplica. Es ilegítima porque pretende imponer desde afuera decisiones que solo corresponden al pueblo cubano. Es extraterritorial porque amenaza a terceros países, empresas e instituciones que se relacionan con Cuba. Y es moralmente insostenible porque convierte la necesidad humana en instrumento de presión política.
Ningún análisis honesto puede hablar de los desafíos de Cuba ignorando el peso de la Guerra Económica. La nación enfrenta problemas, tensiones y urgencias que exigen trabajo, rectificación, eficiencia y creación. Pero sería una falsificación de la realidad presentar esas dificultades como si existieran al margen de una política diseñada precisamente para agravarlas.
Año tras año, la comunidad internacional ha reclamado en Naciones Unidas el fin de las acciones unilaterales de las administraciones norteamericanas. Ese voto casi universal no es una consigna cubana: es una condena del mundo a una práctica que viola principios elementales de soberanía, igualdad entre Estados y convivencia civilizada. Ningún país tiene derecho a castigar a otro pueblo para imponerle obediencia. Ahora, el castigo, ya no es solo hacia el pueblo cubano; es a quien comercie con Cuba. Las sanciones secundarias son la expresión más alta de extraterritorialidad de la política sancionatoria; se trata de obligar a las naciones y empresas a dejar sola a Cuba so pena de ser sancionados bajo las leyes, regulaciones y medidas de sanciones contra ella.
Estados Unidos ha fracasado en su propósito histórico. Ha causado daños enormes, ha impuesto costos, ha multiplicado obstáculos, pero no ha logrado arrancarle a Cuba su independencia. No ha podido convertir la escasez en rendición ni la presión en renuncia. Cada intento de cerco confirma una verdad mayor: la soberanía de Cuba no está en venta; sin embargo, tres generaciones de cubanos han nacido bajo este asedio y han sido obligados a vivir condenados, por la decisión soberana de ejercer su derecho a la autodeterminación.
Cuba necesita comercio, inversión, tecnología, financiamiento y vínculos normales con el mundo. Tiene derecho a desarrollarse sin amenazas, a corregir sus problemas sin intervención extranjera y a decidir su futuro sin que una potencia pretenda administrarle la vida desde fuera. Ese derecho no depende de la aprobación de Washington. Nace de la dignidad nacional y del derecho internacional.
La denuncia debe ser clara. La Guerra Económica debe cesar. La persecución financiera debe cesar. Las medidas extraterritoriales deben cesar. Las listas infames deben cesar. La política de asedio contra Cuba debe cesar.
Frente a la prepotencia, Cuba opone firmeza. Frente al castigo, resistencia. Frente a la mentira, verdad. Frente al intento de rendición, soberanía.
¡Cuba no acepta el asedio! ¡Cuba no renuncia a su independencia! ¡Cuba no se rinde!
Tomado de Granma