Bajo las históricas columnas del Teatro Principal de Ciego de Ávila, el arte se hizo movimiento. Anoche la cita fue con Danzar en Casa, un evento que llegó a su cuarta edición y que no solo mostró coreografías, sino el alma misma de este territorio.
Detrás de esta gala está una mujer con sensibilidad a flor de piel: Lupe Díaz Beracierto, gestora incansable del certamen, que cree en la danza transformadora porque nace desde dentro.
Sobre el escenario, la diversidad fue la llave. El folclor recordó nuestras raíces, y las tradiciones campesinas hicieron vibrar el tablado con punto cubano y décimas bailadas, representadas por las compañías Zama, Fanm Zetwal, Alarte, Danza de los Placeres y Art Dance.
También entró lo contemporáneo, lo urbano… el cuerpo como denuncia y como fiesta. Y llegó el cabaret con plumas y lentejuelas, pero con una elegancia que ríe y seduce sin ofender. Todo un deleite artístico para los presentes, que ovacionaron cada puesta en escena y disfrutaron de presentaciones memorables.
En cada género se logró un mismo propósito: preservar nuestra identidad. Las compañías del territorio demostraron que en Ciego de Ávila se respira danza las 24 horas.
Pero lo más valioso no fueron las piruetas perfectas, sino ver cómo la danza vuelve más humana a una comunidad. Porque, cuando se baila en casa, el arte duerme y despierta con nosotros.
Un espectáculo que, bajo la guía de Lupe Díaz Beracierto, reafirmó que aquí, en el coliseo avileño, el arte no se mira: se siente, se vive y se baila.


