Enclavado en la comunidad rural de Tuero, en el municipio avileño de Morón, el Proyecto Sociocultural Yambambó se erige desde 2016 como un baluarte vivo de la herencia haitiana en Cuba.
Lo que comenzó con el surgimiento del grupo danzario Fanm Zetwal —“mujeres estrellas”— es hoy un entramado mucho más amplio que abarca tres unidades de música y danza, un grupo gestor y un equipo de cocineras, todos dedicados a preservar y difundir las tradiciones identitarias haitianas.
Auspiciado por la Fundación Nicolás Guillén, el proyecto no se limita al toque de tambores por manos femeninas, sino que abarca múltiples expresiones de la cultura del país caribeño, y se consolida como un motor de desarrollo local sostenible en una comunidad históricamente vulnerable.

El corazón de Yambambó late en la agrupación Fanm Zetwal, integrada por 15 mujeres descendientes de haitianos que mantienen vivas las costumbres y manifestaciones culturales traídas por los inmigrantes en el siglo pasado.
Estas “mujeres estrellas” no solo defienden los toques del tambor mayor, rito legado por sus padres y abuelos, sino que también conservan el canto en creole haitiano, el vestuario tradicional y los bailes franco-haitianos.
Su labor ha trascendido fronteras: fueron nominadas a los premios Latin Grammy 2023 por el documental “Fanm Zetwal, una historia de vida y milagros” y recibieron el Premio Cubadisco 2024 a la Investigación por la producción discográfica “Herencia”.
La coordinadora del grupo, Esperanza Daudinot, ha subrayado que entre los retos del proyecto está conservar las creencias, hábitos y cultos de la nación caribeña, por su engarce con la cultura popular y tradicional de Cuba.
La preservación de las tradiciones en Yambambó se materializa a través de un abanico de actividades que involucran a toda la comunidad. Se imparten talleres de tejeduría, peinados, artesanía y cocina típica haitiana, dirigidos especialmente a las nuevas generaciones.
El proyecto ha sido reconocido por el Fondo Iberoamericano de Cocinas para el Desarrollo Sostenible, que le otorgó apoyo técnico y financiero por su labor en la revitalización de la culinaria haitiana, con platos como el quimbombó con carne de cerdo y la ensalada de verdolaga.
Asimismo, se enseña el creole haitiano y se practica la medicina tradicional con un yerbero que cultiva plantas medicinales en su parcela. En el batey, las familias disponen de un cabildo para ceremonias religiosas y un ranchón para fiestas tradicionales, espacios que garantizan la continuidad de los ritos y celebraciones ancestrales.

El impacto de Yambambó trasciende lo cultural para convertirse en un agente de transformación social. La incorporación de la mujer a la vida laboral es uno de sus pilares, pues son ellas las encargadas de la venta de artículos artesanales y de comidas propias de su cultura.
Además, el proyecto fomenta la igualdad de género y el empoderamiento femenino, valores que sus integrantes defienden con autenticidad y activismo. En 2025, Fanm Zetwal fue aclamada por los turistas en el balneario Jardines del Rey, llevando su arte más allá de las fronteras comunitarias.
El presidente de la Fundación Nicolás Guillén en Ciego de Ávila, Larry Morales, resumió el espíritu del proyecto: “Cada vez acumulan más méritos: el respeto por la cultura afrocubana, su promoción desde la comunidad, el arte que han llevado a los escenarios más grandes del país… Ya las ‘mujeres estrellas’ tienen disco, videoclip, audiolibro, documental, tesis de licenciatura inspiradas en ellas y muchas ganas de crear”.
Así, Yambambó no solo mantiene tradiciones, sino que teje un futuro donde la herencia haitiana es orgullo, sustento y motor de desarrollo.